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La Mirada en el parque (lunes)
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
... poco me adulan y entre halagos, utilizan esa palabrería para halagarme, como todo un zalamero y me exaltan. El buen rollo y la buena sintonía, lleva sin darme cuenta a entrar en su terreno. Dan paso a caricias fortuitas, comenzando los manoseos casuales, palpamientos accidentales, e incluso ya por mi parte, magreos consentidos. Intentaban entablar un diálogo, cualquier tema que pudiera arrancarme una continuidad, una sonrisa. La base para insistir. Y una cosa llevaba a la otra. La conversación fluía sin prisa, porque las prisas eran malas. El intercambio se tornaba en charla, y, como tantas veces, acababa por acceder, permitiendo que se sentaran a mi lado. El buen rollo, la sintonía, me envolvían sin darme cuenta, arrastrándome a su terreno. Comenzaban como quien no quiere la cosa; primero, caricias fortuitas. Luego, palpamientos accidentales, manoseos casuales, y casi sin darme cuenta, magreos consentidos. Pronto, sus manos se introducían entre mis muslos, ascendiendo con lentitud hacia mi ingle. Roces que encendían un calor interior, una mezcla de excitación, curiosidad y morbo. Cuando percibían ese consentimiento en mí, se tomaban ciertas libertades, posando su mano en mi muslo y cebándose a su gusto. La calidez de su mano deslizándose, centímetro a centímetro, era una sensación extraña, cautivadora, casi devota. Cuando notaban esa dejadez en mi persona, conseguían algo más que una sonrisa tonta, apenas un movimiento de comisura, abriendo una puerta que ...
... nunca se cerraba del todo. El aire se cargaba con una tensión apenas perceptible, la misma que tantas otras veces había precedido lo inevitable. Un simple murmullo entre nosotros, una angustia, un deseo que flotaba, daban alas a la pasión. La calidez de su mano recorría cada centímetro con una mezcla de devoción. Las caricias precedían a besos furtivos, ocultos bajo la capa de oler los sentidos. Se les veía venir. El calor de su boca, mostrando un hambre contenida, me estremecía. Subía por mi cuello, rozaba mi mandíbula y se detenía en mi mejilla. Yo suspiraba, sintiendo mil cosas diferentes, estremeciéndome, y con la cabeza ligeramente ladeada, le permitía ese avance. Cada movimiento, cada succión calculada, hablaba de deseo sin palabras, de sentimientos sin sentido. Sus dedos se perdían en mis cabellos, guiando apenas, sosteniéndome en ese vértigo delicioso de deseos y pasión. Exclamando. ·"No tengas miedo, no va a pasar nada que tú, no quieras". Pero no se detienen ahí. Sus labios aún húmedos, sus ojos fijos en los míos con esa mezcla de reto y complicidad. Estas experiencias son rápidas, también es verdad que, no me ato a nadie, y casi nunca repito con la misma persona a menos que ellos me busquen. Es así, una y otra vez, encuentros ocasionales y espontáneos. Son experiencias diarias, esas que solía repetir de lunes a viernes. Cada día normalmente uno diferente, o al menos lo intentaba. Intentaba limar mis fallos, torpezas, o las palabras que debía de ...