1. La Mirada en el parque (lunes)


    Fecha: 06/09/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... mi cuerpo aún tembloroso por el sobresalto y la excitación contenida, no pude más que asentir de nuevo.
    
    El no espero más. Se sentó a mi lado. El aire entre nosotros se cargó de una tensión palpable, casi eléctrica. Comenzó a hablar de cosas triviales, del tiempo, del parque, de cómo la vida en Sevilla era ‘un arte’. Su voz era tranquila, envolvente, diseñada para relajarme.
    
    El buen rollo, comenzó a fluir, era como una sintonía que me envolvían sin darme cuenta, arrastrándome a su terreno. Mientras su charla fluía, sentí uno de sus brazos rodear mis hombros con una naturalidad pasmosa, como un gesto amistoso, pero que me anclaba a él. Al mismo tiempo, su otra mano, grande y cálida, se posó con delicadeza en mi muslo.
    
    No era una caricia furtiva, sino un peso constante, una afirmación. La presión era suave, pero inconfundible. Miró la revista que aún sostenía, y una sonrisa más amplia asomó en sus labios, una que esta vez sí alcanzaba sus ojos. Exclama.
    
    ·“No te cortes, chico”.
    
    Murmuró, su voz apenas un suspiro a mi oído, llena de una complicidad inesperada. Continuando.
    
    ·“Disfruta. La vida es para eso, para el placer. No hay nada de qué avergonzarse”.
    
    La calidez de su mano comenzó a deslizarse, centímetro a centímetro, por mi muslo. No ascendía aún hacia mi ingle, pero su presencia, su lentitud, me prometía que lo haría.
    
    Era una sensación extraña, cautivadora, casi devota, como si mi piel fuera un mapa que él estaba descubriendo. El roce sutil de sus ...
    ... dedos me hizo sentir un calor interior, una mezcla de excitación, curiosidad y un morbo creciente.
    
    Cuando percibió mi inmovilidad, mi falta de resistencia, su mirada se encontró con la mía. Consiguió de mí algo más que una sonrisa tonta, sonrojado, apenas un movimiento de comisura, abriendo esa puerta que nunca debió de abrirse. Sus ojos brillaron con una victoria silenciosa, una que ya anticipaba lo que vendría.
    
    Y entonces, sin romper el contacto visual, aprovechando que mi mirada estaba fija en la revista, su mano en mi muslo comenzó a ascender y descender lentamente. Un vaivén sutil, rítmico, que apenas desplazaba la tela de mi pantalón, pero que electrificaba mi piel bajo ella.
    
    El movimiento era casi hipnótico, una tortura dulce. Cada vez que subía, la anticipación de que llegara más arriba me hacía contener la respiración. Cada vez que bajaba, me dejaba un rastro de calor y la promesa de un nuevo ascenso.
    
    Sus dedos rozaban el borde de mi calzoncillo, sin atreverse a más, pero la insinuación era tan clara como el sol de Sevilla. Él no me quitaba los ojos de encima, su sonrisa se hacía más íntima, como si disfrutara cada milímetro de mi reacción.
    
    Mientras mis ojos seguían las curvas impresas en el papel brillante, su voz grave interrumpió mis pensamientos, pero de una manera que solo intensificó el momento. Sintiendo ese calor que me fue imposible negar. Soltó.
    
    ·“Mira qué chica tan guapa, ¿eh?”.
    
    Murmuró, su aliento cálido en mi oído, y su pulgar trazó una ...
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