-
La Mirada en el parque (lunes)
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
... línea imaginaria sobre una de las figuras de la revista. ·“Mira que hembras. Qué piel, qué labios…”. Mi respiración se entrecortó. Yo no miraba realmente a la chica, sino que sentía el peso de su brazo sobre mis hombros, y la mano en mi muslo que, con cada ascenso, se volvía más audaz. Y fue entonces, en uno de esos ascensos, que su mano no se detuvo en el borde de mi calzoncillo. Lentamente, con una delicadeza que contradijo la audacia de su acto, se deslizó hacia mi entrepierna. Sentí el calor de su palma directamente sobre la tela, presionando suavemente. Mis músculos se tensaron, una mezcla de sorpresa y una familiar corriente eléctrica. Sus dedos, grandes y experimentados, no dudaron. Comenzaron a palpar, con una suavidad que me desarmaba, la forma que ya se intuía bajo el pantalón. Sentí mi pene bajo su tacto, la caricia envolvente que se volvía más firme. Él se inclinó un poco más, el espacio suficiente como para sentir su respiración en mi oreja. Su voz apenas un ronroneo que solo yo podía escuchar. Sonriéndome con sarcasmo, me miro pícaramente, exclamando. ·“Vaya, vaya... parece que a alguien le esta gustado demasiado la revista”. Exclama, y sentí las yemas de sus dedos deslizarse por mi pene, roce con una maña que me hizo temblar. De pronto, y sin previo aviso, en cuestión de minutos, le dio por bajar la cremallera de mi pantalón, con un movimiento fluido y experto. Resoplé, y me sobresalté porque no lo esperaba, mientras su mano se ...
... introducía con decisión en el interior, ahora sin barreras. Mis ojos fueron los único que expresaban ayuda, ya que el resto de mi cuerpo, y menos mis manos, llegue a hacer algo. Su mano se instalaba dentro de mi pantalón, su cabeza se inclinó aún más, y sentí la punta de su nariz rozar mi oreja. Su aliento cálido y húmedo me erizó la piel. Exclamándome orgulloso. ·“Así me gusta, chico... que te dejes llevar”. Susurró, su voz cargada de una lascivia que me atravesó. Exclamo nuevamente. ·“Ya veo que estás muy contento”. Su mano, ahora libre de la tela, palpaba mi miembro directamente, su pulgar acariciando la punta con un ritmo lento y deliberado que me hacía retorcer. Mis ojos se cerraron instintivamente, mientras un gemido apenas audible escapaba de mi garganta. Él lo sintió, lo supo. Su boca se acercó más a mi oreja, y con una voz que era casi un bufido, me lanzó la propuesta. ·“¿Y si me ayudas un poco tú, eh?”. Exclamó, su tono era una mezcla de súplica y orden. Soltándome. ·“Tócamela tú también, venga, anímate, tócala por encima del pantalón. Siente lo que me provocas”. Y sin esperar respuesta, su otra mano, la que rodeaba mis hombros, fue la que, con rapidez, tomo mi mano, y me guio sutilmente para que la mía se posara sobre su entrepierna. Sentí la firmeza de su miembro bajo la tela, pulsando con una urgencia que no necesitaba palabras. Exclamando. ·“Así, sí... eso es. No me digas que no tienes curiosidad, pequeño”. Dijo. Su voz era una ...