1. Ayuda entre hermanas (9)


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... hasta el brutal (“No puedo verte más, esto es una locura, adiós para siempre”). Ninguno me convenció.
    
    Fue entonces que Diana se movió. Su rodilla se coló entre mis muslos. El calor subió, literal y figuradamente.
    
    Volví al teléfono. Escribí, borré. Escribí, borré. Al final, dejé que saliera lo que tenía que salir.
    
    “Gerardo, eres de lo mejor que me ha pasado en los últimos meses. No tienes idea de lo mucho que aprecio que seas tan paciente, tan honesto, tan simple y tan hermoso. Pero siento que ahora mismo no puedo darte ni recibir nada más que… bueno, lo que ya te di. No es por ti, es por mí (sí, en serio, no es excusa). Necesito estar sola un tiempo. Un abrazo.”
    
    Leí la palabra “sola” y me dieron ganas de reír.
    
    Lo envié. Apagué el celular y lo arrojé bajo la cama. Sentí que había hecho algo terrible, pero al mismo tiempo, algo necesario.
    
    Volví a quedarme quieta. Diana apretó el abrazo, dormida, y su respiración se volvió el metrónomo de mi conciencia.
    
    Poco a poco, finalmente el ritmo de la noche me arrulló. No era esta la primera noche que dormía con mi hermana y mi cuerpo comenzaba realmente a aclimatarse, a habituarse a las señales…
    
    Dormir, lo que se dice dormir, no dormí. Pero sí logré extraviarme un rato en el limbo de los sueños líquidos, esos en los que no sabes si realmente estás soñando o si la conciencia se disuelve solo lo necesario para que el cuerpo se mantenga en piloto automático. Lo siguiente que supe fue que Diana tenía la cara metida ...
    ... entre mis piernas.
    
    Al principio intenté moverme. Diana me sujetó las rodillas con más fuerza. La lengua, apenas despierta, me exploraba en círculos perezosos, de esos que parecen un beso de despedida pero en realidad son la amenaza de que viene algo mucho mejor. A los segundos, la lengua se puso seria. Presionó justo donde tenía que presionar, y entonces sí, la ola de calor se me subió desde el coxis hasta la coronilla. Solté un gemido. Un gemido real, sin censura, que me hizo vibrar las costillas.
    
    —¡Diana, basta! —lo dije más como reacción de defensa que como rechazo real.
    
    Ella no contestó, solo se rió — se sintió la risa en la lengua, vibrando en mi clítoris.
    
    Diana trabajó con la lengua un buen rato, sin prisa. Como si tuviera todo el tiempo del mundo. Yo, por mi parte, no podía dejar de mirar el techo y preguntarme si era posible habituarse a esto. ¿Había gente que vivía así, que cada mañana la despertaban con sexo oral?
    
    Cuando el orgasmo llegó, fue una descarga seca y rápida. Lo supe porque mi espalda se arqueó y de mi boca salió un sonido agudo.
    
    Diana me soltó las piernas, me lamió suavemente los muslos como si limpiara el desastre, y luego se tumbó a mi lado, satisfecha. Nos quedamos un minuto en silencio. Yo, recuperando el aliento y la dignidad.
    
    —¿Quieres que te la chupe? —dije al final, sin poder creerme la pregunta.
    
    Diana abrió los ojos, me miró y negó con la cabeza, sonriendo.
    
    —Hoy no, enana. Mejor báñate conmigo antes de que mamá nos vea ...
«1234...»