1. Ayuda entre hermanas (9)


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... flotaba en mi cabeza desde que el universo perdió la vergüenza. El plan de follarse a Bárbara.
    
    —¿Hablas en serio? —dije, y sentí la boca más seca que nunca.
    
    —Obvio, si no se hace así, no va a pasar nunca. Confía en mí, estudié todo el terreno y tengo claro el punto débil.
    
    Me reí, porque a veces Diana era tan estúpida que sólo podías reírte.
    
    —¿Y cuál es el plan? —pregunté, casi temblando.
    
    Diana bajó el volumen de la voz. Se me acercó tanto que sentí el sudor de su frente contra la mía.
    
    —El plan es simple —susurró—. Vamos a ir por el eslabón más débil.
    
    No quise preguntar quién era el eslabón más débil porque la respuesta era tan obvia que dolía.
    
    —Papá —dije, apenas en voz baja.
    
    Diana sonrió.
    
    Me besó la frente, como un general premiando a un soldado por responder bien en el examen.
    
    —Así es, enana. Vamos a llamar la atención de la reina comiéndonos al rey
    
    —Así no va el ajedrez… — intenté explicar, en vano.
    
    No entendía muy bien por qué, pero el razonamiento de mi hermana tenía sentido. Había una lógica retorcida, como de mafia, en la manera en que Diana analizaba las dinámicas familiares.
    
    —¿Y cómo piensas hacer eso? —pregunté, cambiando mi discurso hacia la parte que, ahora sí, importaba
    
    —No necesitas saberlo ahora —dijo, bajando de mi abdomen para quedarse sentada en la cama. De inmediato, se quitó el top y lo arrojó a la esquina de la habitación.
    
    Luego se quitó el short, quedando sólo en tanga azul. Se inclinó y me besó en ...
    ... el hombro.
    
    —Sólo tienes que confiar en mí.
    
    Me mojé solo de oírlo. O sea, literal, sentí el líquido correr, como si me hubieran abierto la llave por dentro.
    
    El miedo me caló hondo.
    
    Empecé a desvestirme también, aunque en esa posición me resultaba un poco difícil hacerlo.
    
    Diana me miró con esa cara de “te ayudo porque no puedes sola” y, sin preguntar, me bajó los shorts y la tanga de un tirón. La tela húmeda se pegó un segundo a mi piel antes de ceder; la sensación fue tan intensa que se me erizó la piel entera.
    
    Me quedé ahí, de espaldas, dejando que mi hermana hiciera lo que quisiera.
    
    Diana trepó a la cama conmigo, y mientras lo hacía, dejó caer la tanga azul a un costado.
    
    No hubo advertencia ni calentamiento; se arrojó sobre mí y me besó la boca con una violencia urgente.
    
    Sentí el peso de sus tetas aplastando las mías. Me moría de calentura. Sus piernas estaban entre las mías, sus rodillas se colocaban entre mis muslos obligándome a abrirme, y exponer mi vagina empapada.
    
    Mis manos emprendieron el camino hacia mi vagina, donde su ayuda era necesaria, pero la crueldad de mi hermana no tenía límites.
    
    Aprovechando que estaba sobre mí, se apoderó rápidamente de mis muñecas.
    
    —Diana… déjame… lo necesito. — dije entre jadeos, pues no dejaba de comerme la boca.
    
    —¿Recuerdas lo que dijo mamá? Que solo te puedes venir si yo lo permito.
    
    Me pareció absurdo y sádico que mencionara eso cuando ninguna de las dos lo habíamos acatado desde hacía ...
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