1. Ayuda entre hermanas (9)


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... semanas.
    
    —por… por favor… te dejaré venirte tú también si me sueltas…
    
    Ese fue mi mejor patético intento por negociar. Entonces Diana dejó de besarme y me miró a los ojos. Intenté girar, moverme, incluso golpearla con mis pies, pero en la posición que estábamos, yo me encontraba más que derrotada.
    
    —¿Quieres cogerte a mamá?
    
    Preguntó, de manera seca, con una mirada que apuñalaba.
    
    Me negué a responder. No, no iba a darle el gusto.
    
    Y en eso, jugó una carte que yo ni siquiera sabía que existía. Haciendo gala de su flexibilidad y fuerza, se las arregló para acortar la mínima distancia entre su pelvis y la mía: entre su concha y la mía.
    
    Su vagina rozó la mía.
    
    Y ese fue el fin.
    
    Sentí como si me hubiera partido un rayo.
    
    Gemí.
    
    Me rompí.
    
    Estaba al borde del orgasmo.
    
    -¡Sí, sí quiero! — gimoteé
    
    —bien, hermanita, vamos haciendo progreso. Ahora, ¿cómo te la quieres coger?
    
    Mi mente se desconectó de mi cuerpo, esta tortura me estaba haciendo rebasar mis límites.
    
    —Quiero… quiero comerle la vagina… y las tetas… sí… quiero besar, lamer, comerle completamente las tetas a mamá.
    
    Era puro deseo desatado en el desasosiego de mi habitación. La mandíbula me temblaba. Miré a los ojos a Diana y entendí la diferencia: mi mirada debía ser suplicante, patética, derrotada y la suya era completamente diabólica, soberbia. Ella disfrutaba de esto tanto como yo, pero jugando el rol diametralmente opuesto.
    
    —Ruégame — ordenó.
    
    Y no quedaba nada en mí para ...
    ... negarme.
    
    —Por favor, Diana. Déjame. Por favor, déjame. Quiero venirme. Quiero cogerme a mamá… —dije, casi sin voz, sentí la garganta cerrarse, hinchada de sangre. La palabra “mamá” retumbó en la habitación, en mi cráneo.
    
    —Bien, me gusta… — respondió, sin liberar el agarre. Sin embargo, yo no había terminado.
    
    —Déjame venirme. No, mejor haz que me venga… por favor, hermanita, haré lo que sea… haré lo que TÚ quieras.
    
    No sé cómo pero la cara de Diana se desfiguró en una mueca de placer, como si el orgasmo la hubiera alcanzado al oír mis palabras.
    
    Entonces, tomó una de mis manos y la llevó hacia abajo. Pensé que era el final de mi tortura pero no era así: Diana guió mi mano hacia su propia concha, y luego posicionó la suya en mi vagina.
    
    Y no tuve piedad.
    
    Con la misma crueldad con la que me había dominado, comencé a masturbarla sin tregua: su vagina engulló dos dedos de manera inmediata y su clítoris se volvió una zona de guerra.
    
    Curiosamente, Diana me masturbaba con mucha más delicadeza, claro sin dejar de lado la violencia animal que nos embriagaba.
    
    Yo entonces hundí mi cara en sus tetas, que colgaban frente a mí.
    
    Diana me tapó la boca con la mano libre, como si temiera que mi grito nos delatara con los vecinos. El orgasmo fue salvaje. Me sacudió la pelvis, la columna, hasta los dientes. La presión de los dedos de Diana era precisa, casi quirúrgica, pero lo que me rompió en mil pedazos fue el roce de su concha contra la mía; era húmeda, áspera, ...
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