1. Ayuda entre hermanas (9)


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... así.
    
    La imagen mental me dio más risa que miedo. Nos levantamos, cruzamos el pasillo envueltas en una sola toalla, y nos metimos a la regadera. El vapor llenó el baño antes que el agua caliente. Compartimos el jabón, la esponja, las miradas en el espejo empañado.
    
    No hubo sexo. Solo una especie de ternura desmañanada, la torpeza de dos cuerpos chocando por costumbre y por inercia.
    
    Salimos del baño, nos vestimos en tiempo récord, y bajamos a desayunar lo primero que encontramos en el refri. Papá ya se había ido al trabajo. Mamá seguía dormida, o al menos su puerta estaba cerrada. No cruzamos palabra mientras devorábamos yogurt y pan con mermelada.
    
    En el auto, pusimos reggaetón a todo volumen y no hablamos de nada.
    
    En la uni, nadie sospechaba nada. Nadie notó que traía las bragas húmedas, ni que en la muñeca derecha tenía la marca roja del agarre de mi hermana. Gerardo no escribió, y yo tampoco pensé en él más de lo necesario.
    
    Las clases se fueron en automático.
    
    Pasaron un par de días, pero la sensación nunca se fue. En vez de irse, se multiplicó en los huecos: en la espalda baja durante las planchas del gym, en la yema de los dedos cada que tecleaba en el teléfono, en los muslos cuando sentía la presión de la mezclilla nueva. Hasta en el cuero cabelludo, cuando me bañaba y notaba el leve aroma a sudor mezclado con champú de supermercado barato.
    
    Ese jueves fue el colmo. Diana y yo habíamos ido al gym directo de la escuela, sin comer más que barras ...
    ... energéticas, y para la hora de regresar a casa traíamos el hambre y el cansancio pegados a la piel como una capa extra de ropa. Llegamos, tiramos las mochilas, y antes de cualquier cosa, Diana me jaló del brazo.
    
    —Ven.
    
    No era un decir. Me llevó casi arrastrando hasta mi cuarto, cerró la puerta y me empujó hacia la cama. Yo caí de espaldas, todavía en shorts y top deportivo, el sudor secándose en la entrepierna y en los pliegues del cuello.
    
    Diana se puso encima de mí, con las rodillas a ambos lados de mi cadera, y me miró con la seriedad de un agente de la KGB a punto de revelar una red de espionaje.
    
    —¿Qué onda? —dije, pero no con voz de verdad, más como un susurro tonto.
    
    —Estás cada día más buena, enana. —Y me mordió la boca.
    
    —Estás loca —le dije, aunque no había una sola célula en mí que no disfrutara lo que hacía.
    
    —No, en serio, mírate —dijo, bajando la mirada a mi vientre, a mis piernas, a mis tetas embutidas en el top negro—. Si no fueras mi hermana, te intentaría ligar de inmediato.
    
    —Asco —dije, pero la risa me salió tan nasal que ni siquiera valía como protesta.
    
    —¿Sabes por qué te digo esto? —preguntó, y ahora la voz era más suave, como si estuviera a punto de decir algo realmente importante.
    
    Negué con la cabeza, sintiendo el cosquilleo en la base del cráneo.
    
    —Porque ya tengo el plan.
    
    Esto sí me sacó de onda. El plan. Por un segundo no supe de qué hablaba, pero después recordé la obsesión de noches y noches, el pensamiento inamovible que ...
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