1. Dory visita al Tito Quino


    Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ambis, Fuente: TodoRelatos

    ... atraviésame. Hazlo. Tienes permiso. Y prisa.
    
    Él cerró los ojos y lo hizo. Me la metió por el culo, con fuerza, con rabia, como si toda la tensión acumulada le explotara de golpe. Me mordí el puño para no gritar como una loca.
    
    —Mmmfff… joder… —balbuceé—. Qué duro estás. Dámelo todo. Hazme tuya.
    
    Cada estocada era fuego. Cada embestida me arrancaba un gemido. Me cubría entera, me llenaba. Me moría de placer y volvía a la vida en cada empuje.
    
    —Dory… me voy a correr… —me avisó, casi suplicando.
    
    —Hazlo, cabrón. Córrete en mi culo. Lléname toda. Que me resbale por las piernas. Que no quede ni una duda de que me follaste como nadie.
    
    Y así fue. Se vino fuerte, profundo, jadeando como si se le fuera el alma. Yo también. Me corrí otra vez, con un espasmo brutal, quedándome pegada a la almohada, sin aliento.
    
    Se dejó caer a mi lado, empapado en sudor, sin decir nada. Yo tampoco. No hacía falta.
    
    Nos entendíamos con el cuerpo. Con la piel. Con esa locura que ninguno se atrevía a nombrar, pero que nos arrastraba una y otra vez al mismo sitio.
    
    Y joder… qué bien se sentía.
    
    Quino se quedó un rato tirado a mi lado, con el cuerpo aún tenso, ...
    ... como si no quisiera moverse, pero sabiendo que tenía que hacerlo. Yo seguía desnuda, estirada boca arriba, sudada, con las piernas abiertas y la cara llena de satisfacción.
    
    Él se levantó sin decir mucho, buscó el pantalón, se lo subió mientras yo lo miraba con media sonrisa, esa que sé que le desmonta el alma.
    
    —Tengo que madrugar mañana —murmuró mientras se abrochaba el botón del pijama—. Nos vemos a la hora de comer, ¿vale?
    
    —Vale, tito —le dije con una sonrisa pícara—. Dile a tu novia que has dormido como un angelito.
    
    Se acercó a darme un beso. No en la frente esta vez, sino en los labios, suave pero con ganas. Como si no quisiera despedirse del todo.
    
    Y se fue. Sin mirar atrás.
    
    Yo me quedé ahí, en la cama de invitados, con el cuerpo ardiendo y la mente acelerada. Aún tenía el culo húmedo de su corrida y la piel vibrando de todo lo que habíamos hecho.
    
    Llevaba menos de un día en esta casa, y ya había escrito un capítulo entero en mi cabeza. Esta visita iba a dar para mucho. Para follar. Para escribir. Para jugar.
    
    Porque yo no había venido a portarme bien.
    
    Había venido a reventar la rutina.
    
    Y eso apenas acababa de empezar. 
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