1. Dory visita al Tito Quino


    Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ambis, Fuente: TodoRelatos

    ... muy cabrón tenía algo especial en sus manos, en su boca, la cual no paraba de besarme, recorriendo mi espalda. Yo estaba lubricada al máximo, y sollozaba, me estaba acariciando el coño, y llevando lubricante por todo mi culo.
    
    - Dory - me susurró al oído - había pensado hacerlo igual que en tu jardín secreto. No he dejado de querer repetirlo desde que lo hicimos. - seguía susurrándome mientras me colocaba lateralmente, me abría ligeramente de piernas y arrimaba su tiesa verga por detrás y la clavaba por mi húmedo coño. Su voz, sus manos acariciándome suavemente la espalda, y apretándome los pechos, sus besos en la nuca, su polla dura pidiendo paso. Me corrí como una colegiala en celo.
    
    Al parecer no era la única a la que esa follada en el rincón secreto de mi casa había dejado huellas indelebles. Mi tito también parecía estar obsesionado con ese momento, y no dudó en repetirlo en cuanto tuvo la más mínima ocasión.
    
    Él me lo metía despacio, con mimo, como si quisiera hacer poesía, y yo ya no estaba para sutilezas.
    
    —Tito, no te hagas el tierno —le bufé entre dientes, apretando las sábanas—. Fóllame como sabes hacerlo, no como si me fueras a romper.
    
    Eso lo encendió. Sentí cómo me agarraba más fuerte de las caderas y empezaba a empujar con otra intención. Ahí estaba. Ese ritmo que me hacía perder el norte.
    
    Yo jadeaba, con la boca entreabierta, mientras me tocaba. Estaba empapada. Me ardía todo. Lo tenía dentro, y lo quería aún más dentro. Cada vez más hondo. Más ...
    ... salvaje.
    
    —Joder, Dory… estás tan mojada.
    
    —Claro que sí —le solté—. Llevo caliente desde que te oí entrar en la habitación. ¿Te crees que me dormí? Estaba pensando en esto, en ti, en cómo me lo hiciste en el jardín, con esa polla dura y tu boca por todo mi cuerpo. Me corro solo de recordarlo.
    
    Lo sentí gemir muy bajo, casi como si no quisiera que lo oyera, pero lo oí. Y me dio más hambre de él.
    
    Se inclinó sobre mí, me llenó la espalda de besos, y sus manos me apretaban los pechos como si le fuera la vida. Yo empujaba con el culo hacia atrás, marcando el ritmo, y sentía cómo su respiración se descontrolaba en mi cuello.
    
    —Dory… —me susurró, y le interrumpí sin mirarlo.
    
    —Méteme el dedo por el culo, tito. Hazlo como te gusta. No te hagas el bueno ahora.
    
    Y lo hizo. Joder, sí que lo hizo. Primero lento, luego más seguro. Sentía su polla en mi coño y su dedo en mi culo, y era demasiado. Me temblaban las piernas. Me escurría entera. Me estaba viniendo y él lo sabía.
    
    —¿A Laura se lo hiciste así? —le dije, entre gemidos y sollozos ahogados—. ¿También le metiste el dedo mientras se corría?
    
    —No… —jadeó, medio al borde—. Eso lo guardaba para ti.
    
    —Claro, porque soy tu puta especial, ¿no? —le escupí con una sonrisa torcida—. Pues fóllame el culo, joder. Que llevas todo el puto día mirándolo.
    
    Me giré, lo miré con la cara roja, el pelo revuelto, y una sonrisa desafiante. Le guié la verga hacia donde la quería. Me abrí, sin pudor, sin frenos.
    
    —Vamos, tito, ...