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Mamá, ¿por qué estás desnuda? (9)
Fecha: 26/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... abierta, audífonos en los oídos, vasos con agua medio vacíos en cada rincón de la casa. Yo regresé a la facultad y, como si la playa hubiera sido un paréntesis irreal, la vida volvió a su cauce. No volvimos a hablar de la playa. Ni del hotel, ni de la noche en la que nuestros cuerpos se encadenaron como dos náufragos aferrados al último tronco del mundo. Por un tiempo, me convencí de que eso era lo correcto: si no se nombra, no existe. Pero la memoria no es tan dócil. A veces, al despertar, encontraba el olor de mamá en mi ropa, o el rastro de sus dedos en mi propio cuerpo. Y el deseo, siempre el deseo, se aparecía en los lugares más absurdos: en la fila del banco, en la ducha, en el zumbido idiotizante del microondas. Una tarde, mientras fregaba los platos, la vi sentada en la mesa, tecleando frenética en su laptop. Tenía el ceño fruncido, el labio inferior mordido, y los lentes bajados casi al borde de la nariz. Por un instante, sentí la urgencia de abrazarla desde atrás, de hundir la cara en su pelo y decirle algo, cualquier cosa que hiciera menos denso el aire de la cocina. Pero no lo hice. Esa noche, después de cenar, mamá se sirvió una copa de vino y se la tomó en dos sorbos. Me miró, ladeando la cabeza, y luego soltó la frase: —¿Me ayudas a doblar la ropa? —Claro— y como el buen hijo que me repetí en la soledad de mis conciencia que era, lo hice. El tiempo pasó entre nosotros desdoblándose con gracia, con parsimonia. Al terminar, no podía resistirlo ...
... más —¿Mamá? Se volteó, con la canasta en las manos. —¿Qué piensas? —pregunté, y la voz me salió más ronca de lo que esperaba—. ¿De nosotros? De lo que estamos haciendo. Por un segundo, creí que iba a soltar la canasta y salir corriendo. Pero no. Respiró hondo, se apoyó contra la pared, y me miró con una mezcla de ternura y fatiga. —Mira, por primera vez en muchos años, me siento viva. —Lo dijo sin vacilar, como quien ya lo ha ensayado frente al espejo—. Me río más, duermo mejor, y tengo menos ganas de matarme cada vez que despierto. No supe qué decir. Mamá se encogió de hombros, y el movimiento fue tan frágil que quise abrazarla, protegerla de algo que no podía nombrar. —Los últimos años con tu padre fueron un infierno, —dijo, sin que yo preguntara—. Nunca te lo conté porque eras pequeño, y después porque no tenía sentido. Pero me sentía como una planta seca, sin raíces. —Hasta que tú... —se detuvo, y ahora sí soltó la risa, pero era una risa buena, dulce—. Hasta que tú comenzaste a cuidarme, como si no tuviera que ser al revés la situación. Sentí el nudo en la garganta, apretando. Nos quedamos un rato en silencio, el zumbido de la secadora marcaba el ritmo. —¿Y tú? —preguntó, al fin—. ¿Qué sientes? Me tomó de sorpresa. Casi nunca me preguntaba por mis sentimientos, y menos en tono serio. —No lo sé —admití—. Siento que nada de esto es real. Mamá asintió, como si lo entendiera perfecto. —¿pero te… molesta? — la duda en sus ojos era ...