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Mamá, ¿por qué estás desnuda? (9)
Fecha: 26/09/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... genuina. Pensé en decirle que no. Que todo bien. Pero no era justo, ni con ella ni conmigo. Entonces, tocó sincerarse: —No, no me molesta como tal, pero me atormenta un poco no saber qué pasa. Mamá meditó un segundo, y entonces preguntó: —Entonces… ¿quieres que…? La idea de terminar todo por mi culpa me aterrorizó al punto que salté y la interrumpí. —Lo que quiero saber es que todo bien entre tú y yo… y que te sientes feliz. Entonces su risa fue un bálsamo. Mamá me miró con toda la calma del planeta. —Soy muy feliz gracias a ti. Sin saber por qué, me acerqué, nadé la distancia entre nosotros y la abracé. Podía sentir nuestros corazones latiendo a un ritmo. —… Pero … — comenzó de nuevo mamá, haciendo que yo me congelara al inicio — … no creas que no sé que lo que hacemos… o lo que hemos hecho… puede ser considerado… malo. Yo no lo creo así, porque siento que ha nacido principalmente del amor que nos tenemos pero… —¿te preocupa? — dije, intentando sondearla para entender mejor su punto de vista. —Noooo — exclamó ella, para luego explicar: — lo que pasa es que me gustaría que de momento no le demos mucha vueltas… Ah, perfecto, mi madre era de esas. Pensé. Y la verdad, por mí perfecto. Era como si me quitaran una piedra pesadísima de la espalda. O como si finalmente pudiera sacar la cabeza a la superficie para respirar. Me sentí feliz, eufórico, febril de energía. —Entonces es un trato, —dije, y el mundo se me llenó de ...
... vértigo. Mamá soltó una risa de alivio, cortita y sincera, y me abrazó con la fuerza de quien, por fin, se permite caer. No sé cómo ni en qué momento, pero el abrazo nos llevó al límite de la cocina y de ahí a su cuarto, donde la gravedad se volvió horizontal y ambos terminamos tumbados en la cama, entre las pilas de ropa recién doblada. Nunca supe si fue ella la que acercó la boca a la mía, o si fui yo, pero lo cierto es que nos besamos con la urgencia de haber desperdiciado años, con la convicción de que el tiempo estaba de nuestro lado por única vez. La lengua de mamá tenía ese sabor a vino. Me deshice de mi propia ropa como quien se arranca la piel vieja. Mamá hacía lo mismo, malabareando sus propios brazos para no dejar de acariciarme el rostro y el cabello. Mamá me empujó suavemente hacia el colchón y se subió sobre mí, apoyando las rodillas a los costados de mi cintura. Sus pezones me rozaban el pecho. —Esta vez… yo quiero, —dijo, y su voz era nueva, profunda, llena de un coraje que me partió el alma. No supe a qué se refería hasta que sentí su mano envolviendo mi verga, guiándola con una delicadeza de orfebre hasta la entrada de su cuerpo. La cabeza de mi pene se detuvo en el umbral de su concha, tibia, mojada, con una mata de vello negro que se abría como una floresta húmeda. Me miró a los ojos mientras bajaba la pelvis, y sentí el anillo de carne ceder, tragándose el glande con una lentitud exquisita. Por un segundo, pensé que se iba a detener. Pero ...