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Viaje con mis cuñadas (II)
Fecha: 28/09/2026, Categorías: Incesto Autor: VickySG, Fuente: TodoRelatos
Quizás fuese mi mente tratando de justificar lo que mi entrepierna quería hacer, pero comencé a ver a esas hermanas como un conjunto, un pack casi indivisible, una única persona dividida en varios recuerdos felices. Celina me había aportado estabilidad y la emoción del reencuentro y yo lo había aceptado sin haber tenido tiempo de enamorarme. Catrina me estaba ofreciendo otra cosa muy diferente y quizás también debía dejarme llevar. - Puedo leer tu mente, Bart. - No digas tonterías. - Quieres hacerlo, pero sigues siendo el mismo niño noble. - Puede que tengas razón, pero ¿por qué quieres tú hacerle eso a tu hermana? - Nosotras siempre lo hemos compartido todo. - ¿A los hombres también? - No, pero parece que olvidas que tú eres de todas. - Yo no soy propiedad de nadie. - Hasta ahora has estado con la más sosa de nosotras, déjate llevar conmigo. - ¿La más sosa? - Adoro a Celina, pero su timidez le impide desmelenarse. - ¿Crees que tú lo haces mejor? - Deja de hablar y compruébalo tú mismo. Cuando tuve sus pechos a milímetros de mi cara, ya no hubo vuelta atrás. Un impulso me empujó a agarrarlos a dos manos y acto seguido me los llevé a la boca. Yo nunca había actuado de esa manera, pero era imposible rechazar las tetas de Catrina, de una de esas hermanas que tanta influencia seguían teniendo sobre mí. Mi cuñada me obligó a sentarme en el retrete y ella se colocó sobre mí, permitiendo que siguiera disfrutando de sus tetas, ...
... ligeramente más grandes que las de mi novia. No podía negar que su forma de actuar era mucho más decidida y excitante que la de su hermana. La manera que tenía de menearse hacía imposible no querer ir a más. Dejé que hiciera conmigo lo que le diera la gana. Ella misma me bajó los pantalones, se subió el vestido y, tras apartar su ropa interior, se introdujo mi polla en su vagina. Me sentí como un miserable, pero volví a rozar el cielo con la punta de los dedos. No pude evitar tachar mentalmente otro nombre de la lista, sentir que me acercaba a ese objetivo que no sabía que tenía: hacer mías a todas las hermanas, mis niñas. Mientras el tren seguía avanzando, Catrina botaba sobre mí con la estaca clavada hasta el fondo. Al contrario que Celina, mi cuñada no dejaba de susurrarme obscenidades al oído que me resultaban incómodas al principio, por esa imagen idealizada que aún conservaba de ella, pero consiguió ponerme todavía más cachondo. - ¿Nunca te pajeaste pensando en mí? - No, en aquella época era demasiado inocente. - Yo sí me tocaba imaginando que era la elegida. - Pero eras muy joven. - Camelia me enseñó y después yo a Celina. - Como buenas hermanas. - Imaginábamos que volvías y nos desvirgabas a todas. - Catrina, ya casi estoy. - No te preocupes, puedes correrte sin miedo. La agarré de la cintura y mientras ella se seguía meneando embestí hasta correrme. Catrina también llegó al orgasmo de forma casi simultánea y se dejó caer sobre mi cuerpo, ...