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La sobri. Cap 3
Fecha: 29/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Cjbandolero1, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 3 El parque estaba vivo esa tarde, con ese bullicio que tienen los sitios donde la gente va a estirar las piernas antes de que caiga la noche. Era uno de esos parques de barrio residencial, con césped bien cortado, columpios chirriantes y caminos de grava que crujían bajo los pies. Había niños corriendo detrás de una pelota, un par de abuelos sentados en un banco hablando del tiempo, y runners con auriculares que pasaban como si estuvieran en otra dimensión. El aire olía a hierba recién regada, mezclado con el humo lejano de alguien que había encendido una barbacoa en su chalet. El sol ya estaba bajo, tiñendo todo de un naranja suave que hacía que las sombras se alargaran en el suelo. Itziar caminaba por uno de los senderos, con el móvil en la mano y el corazón dándole golpes en el pecho. Llevaba unos leggings negros que se le pegaban como una segunda piel, marcando ese culo que sabía que no pasaba desapercibido, y una sudadera gris oversize que le caía por un hombro, dejando a la vista la tira de un sujetador deportivo. Su pelo castaño estaba recogido en una coleta alta, pero algunos mechones se le escapaban y le rozaban el cuello. No se había maquillado mucho, solo un poco de rímel y gloss, porque no quería parecer que se había esforzado demasiado. Pero se había esforzado. Desde que había enviado ese mensaje a Ricardo esa mañana, no había parado de darle vueltas. “Oye, podemos quedar hoy? Quiero hablar de una cosa”. Simple, directo, pero cada palabra le ...
... había costado un mundo. No sabía si estaba loca, si de verdad iba a hacer esto, pero ahí estaba, caminando hacia un banco apartado que él le había dicho por WhatsApp. Ricardo ya estaba allí, sentado con las piernas abiertas y un cigarro entre los dedos, aunque no estaba fumando. Llevaba una camiseta gris que marcaba los hombros y unos vaqueros que parecían más viejos que él. La barba de tres días le daba un aire descuidado, pero sus ojos, esos ojos oscuros que siempre parecían ver demasiado, estaban fijos en el camino por donde venía Itziar. La vio acercarse y sintió un nudo en el estómago, una mezcla de nervios y algo más primario que no quería nombrar. Había intentado convencerse de que ella solo quería hablar, que no iba en serio, pero una parte de él —la que lo había tenido alerta, pensando en ella— sabía que esto era diferente. Apagó el cigarro contra el banco, aunque no lo había tocado lo encendió por puro nerviosismo, y se enderezó un poco, como si quisiera parecer más tranquilo de lo que estaba. Itziar se paró a un par de metros, metiendo las manos en los bolsillos de la sudadera. Lo miró un segundo, con esa cara de “no me hagas perder el tiempo” que usaba cuando quería tomar el control. Pero sus ojos la delataban: estaban más abiertos de lo normal, más brillantes, como si estuviera a punto de saltar de un trampolín. —Hey —dijo, con un tono que intentaba ser casual pero sonó forzado—. ¿Llevas mucho esperando? Ricardo se encogió de hombros, dando una palmada al ...