1. La sobri. Cap 3


    Fecha: 29/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Cjbandolero1, Fuente: TodoRelatos

    ... descifrar un puzzle. El ruido del parque seguía alrededor: un perro ladrando, el chirrido de un columpio, el murmullo de una pareja que pasaba a lo lejos. Pero entre ellos, el mundo se había parado. Él se inclinó más cerca, apoyando un brazo en el respaldo del banco, y su voz salió más grave, más íntima.
    
    —Vale, quieres saberlo —dijo, casi en un susurro—. Sí, iba en serio. Si no fueras mi sobrina, te pagaría ese bolso ahora mismo. Pero tú sabes que esto es una locura, ¿no?
    
    Itziar sintió un escalofrío, pero no era por el aire fresco del atardecer. Era la forma en que él lo decía, como si estuviera confesando algo que llevaba meses guardándose. Se mordió el labio otra vez, más fuerte, y cruzó los brazos, aunque no sabía si era para protegerse o para evitar tocarlo.
    
    —¿Una locura? —repitió, con una risa nerviosa—. Tú eres el que empezó con esa mierda, Ricardo. No me vengas ahora con que es una locura. ¿Cuánto? Dime un número.
    
    Él alzó una ceja, sorprendido por lo directa que iba. Pero también estaba excitado, lo notaba en el calor que le subía por el pecho, en la forma en que su cuerpo reaccionaba aunque intentara controlarlo. Se rascó la nuca, dando una risa corta, y luego se acercó aún más, hasta que sus caras estaban a centímetros.
    
    —Cuatrocientos, ¿no? —dijo, mirándola a los ojos—. Eso es lo que vale tu bolso, ¿verdad? Vale yo te los doy. Pero… Itziar. Si voy a soltar esa pasta, quiero algo… especial.
    
    Ella sintió que se le cortaba la respiración. La palabra ...
    ... “especial” sonó como una bomba, y de repente el banco, el parque, todo el puto mundo desapareció. Solo estaban ellos dos, y esa línea que estaban a punto de cruzar. Tragó saliva, intentando mantener la compostura, pero su voz salió más débil de lo que quería.
    
    —¿Especial? —preguntó, con un hilo de voz—. ¿Qué coño significa eso?
    
    Ricardo no respondió de inmediato. En lugar de eso, se acercó aún más, hasta que su boca estaba junto a su oreja. El calor de su aliento le rozó el cuello, y ella sintió un escalofrío que le puso la carne de gallina. Cuando habló, su voz era un susurro áspero, cargado de algo que era puro deseo.
    
    —Quiero follarme tu culo —dijo, lento, dejando que cada palabra se clavara—. Quiero follarme ese ojete tan bonito que tienes que tener.
    
    Itziar se quedó helada. No podía moverse, no podía pensar. Las palabras de Ricardo le habían dado un puñetazo en el estómago, pero también habían encendido algo dentro de ella, algo que la asustaba y la atraía al mismo tiempo. Sintió la piel erizarse, el corazón latiéndole en las sienes, y un calor que no tenía nada que ver con el atardecer. Se apartó un poco, lo justo para mirarlo a la cara, y lo que vio en sus ojos no ayudó: deseo puro, sin filtros, mezclado con un toque de nerviosismo que lo hacía aún más real.
    
    —Eres un hijo de puta —soltó, con la voz temblando de rabia y algo más que no quería nombrar—. ¿Cómo te atreves a decirme esa mierda?
    
    Pero no se levantó. No se fue. Y Ricardo lo notó. Se quedó donde ...
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