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Buscando un voyeur
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Auster, Fuente: CuentoRelatos
... una curva de la carretera… Jo, que miedo». Y cartas divertidas: «Hola, pareja, contestando a vuestro anuncio, os diré que me gustaría observar como hacéis el amor o cualquier otra cosa, ya que soy un mirón empedernido. Como buen voyeur, a mí solo me gusta mirar y no me interesa participar. En cuanto a mi os diré que soy médico y poseo lugar de encuentro en la ciudad y en la costa, desde donde os podría observar con un telescopio, ya que mi apartamento da sobre la playa. Así, como me pedís que describa lo que quiero, os propongo que a las cinco de la mañana, antes de que salga el sol, os pongáis donde yo os diré (no os preocupéis, que a esta hora y en invierno no hay nadie, lo tengo más que comprobado) y hagáis el amor allí. Hace un poco de frío, pero seguro que pasada la primera impresión ya no lo tenéis. Yo mientras os miro por el telescopio». Pues vaya, solo de pensarnos en la playa, de madrugada, con la arena que se mete en todas partes, me encojo enterito. Y cartas extrañas: la carta viene escrita por una mujer, en preciosa caligrafía de Colegio de Monjas: «Hola Pareja, yo también soy joven y buscovisiosos comoustedevosotro pa pasarlo teta. Que a mí las tetas me ponen a cien. Pero ojo, solopa ti mujer, que noa nacio el macho que me toque amin los güevos». ¿Será un chantaje? ¿estará alguien obligándola a escribir eso, y la única manera de avisarnos es copiar el lenguaje coloquial? Y finalmente, entre la maraña, una: «Pareja, no me resulta fácil decir ...
... quien soy. Digamos, Joan Corominas, bastante mayor de edad (supero los cincuenta), universitario, confortable y rutinariamente casado, profesionalmente satisfecho, económicamente tranquilo. Aficionado al cine y fotógrafo aficionado. Es decir “voyeur”, sensible, imaginativo, discreto… Me gustaría ver a la pareja que se esconde detrás del anónimo y que parece discreta, imaginativa, sensible, ligeramente exhibicionista. Me gustaría estar presente y aun tiempo inexistente, transparente, observar a la pareja, observaros, analizar vuestra relación secreta, vuestras caricias, uno a uno y en conjunto. Participar con una mirada acariciadora y estimulante… Reposar, observar la reacción de cada uno, como se recompone la imagen, el maquillaje, la luz sobre vuestros cuerpos, el reflejo de vuestros ojos… detenerme especialmente en el perfil de la mujer nuevamente vestida. Acaso, también, desearla.» La carta era de una persona culta. La única condición que ella puso es que antes le conociese yo personalmente. En el bar apareció una persona de mediana edad, chaqueta a cuadros sabiamente desgastada, pajarita, camisa impecable, un caballero razonablemente pulcro y atildado. Me dijo que se llamaba Joan Corominas, que escribía cuentos para niños por vocación, y que era corrector de editorial por profesión. Me confesó también que le gustaba escribir historias solo para él pero que eran incompatibles tanto con su profesión como con su vocación. Una vez hechas las presentaciones, nos ...