1. Buscando un voyeur


    Fecha: 09/10/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Auster, Fuente: CuentoRelatos

    ... pregunto si lo dejamos. Me dice que por ella no, que si yo quiero… tampoco es de gran ayuda, ignoro si lo dice por hacerme un favor, si realmente no le apetece y no quiere que me disguste, si tiene ganas y no se atreve a reconocerlo. Total, que, empujado por el whisky, le digo que adelante, le acaricio la cara, le beso el cuello, siempre vestidos, y, poco a poco, el ángel se funde.
    
    Nos tumbamos, ella ya ha perdido en la operación la blusa y la falda, yo la camisa, hemos abierto la cama y estamos reiniciando el rito, mi boca perdida en su boca, mis manos acariciando su espalda, sus manos desabrochando mi cinturón.
    
    Ya he alcanzado con la boca su centro, a través de las braguitas, mis manos perdidas debajo de su sujetador, cuando se abre la puerta. Yo solo me doy cuenta porque ella vacila un momento, noto la súbita tensión de su cuerpo, no puedo ver nada.
    
    Ella se da la vuelta, pone la cara en la almohada, no me queda más remedio que continuar la caricia besando su espalda, desde el cuello hacia abajo, las yemas de los dedos reconociendo un camino tantas veces recorrido, su espalda, por el centro, contando sus vértebras (nunca ha salido el mismo número), los lados, hacia sus pechos, ocultos a la vista por la ropa de la cama, pero accesibles si ella se incorpora mínimamente. Lo hace, tengo ya su pecho entre mis dedos, no he visto aun nada ni a nadie.
    
    No puedo evitar una mirada de refilón, y allí está el, el Sr. Corominas, muy compuesto, muy atildado, muy sentado en ...
    ... la silla, muy inclinado hacia nosotros, ni tan solo se ha quitado la chaqueta. A 30 cm de mi espalda su examen nos detalla. La verdad es que no hay nada que ver, aún. Los dos estamos todavía medio vestidos, los dos le damos la espalda… pero esta situación no durará mucho, la verdad es que sus ojos me han electrizado, y ya no estoy muy cómodo en esta posición, me sobra toda la ropa, me estira mi cuerpo.
    
    No me queda más remedio que incorporarme, sentarme en la cama del lado opuesto al suyo, quitarme el resto de ropa que me molesta. Bueno, ya estoy desnudo, sentado en la cama de espaldas a el y a ella. No me queda más remedio que dar la cara, rápidamente, sintiendo sus ojos que me recorren entero.
    
    La giro a ella, le quito el sujetador. Ella tiene los ojos entrecerrados, cosa extraordinaria, cuando siempre habíamos hecho el amor con los ojos abiertos, bebiéndonos las miradas. Volvemos una vez más a los gestos tantas veces repetidos y siempre nuevos, sin abstraernos completamente, ni ella ni yo, sintiendo en nuestra piel y en nuestro sexo el roce de su mirada táctil.
    
    Mas de una vez atisbo los ojos de mi compañera dirigidos en diagonal, hacia donde está él; más de una vez algún movimiento que ella pueda hacer, para ponerse en posición más cómoda, o porque le molesta un pliegue de la sábana me parece a mí que es o bien para ocultarse, o bien para que él pueda disfrutar de la totalidad del espectáculo, no lo sé muy bien.
    
    No me importa mucho ya, han pasado los momentos de ...
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