1. Después del sueño (2)


    Fecha: 12/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    Un pasamanos recién instalado recorría el largo del pasillo, atornillado a la pared con fierros gruesos. La silla de ruedas se había convertido en territorio temporal; la expectativa era que Ray lograra recorrer dos metros por sí mismo antes de la siguiente visita al fisiatra.
    
    Vero acomodó la silla a un metro del pasamanos. Se agachó y le ofreció ambos brazos, tensos y musculosos. Ray la miró con una mezcla de fastidio y ternura; odiaba parecer un inválido, pero le gustaba el desafío porque implicaba que pronto podría estar en pie sin asistencia.
    
    Al ponerse de pie, la vértebra lumbar crujió y la pierna derecha amenazó con doblarse, pero Vero lo sostuvo firme. Ray se aferró al pasamanos con ambas manos, sintiendo el frío del metal bajo la palma sudorosa.
    
    —Despacio —dijo Vero, ahora convertida en sombra, siempre medio paso detrás.
    
    El primer paso costó tanto que Ray juró que la pierna era de otro. El segundo fue peor, porque la rodilla tembló como una rama de árbol en tormenta. Pero a la cuarta zancada, el cuerpo recordó algo antiguo y la pierna izquierda, en un arrebato de autonomía, adelantó el pie casi con decisión. Ray apretó los dientes, ignoró el sudor que le caía por la frente y enfocó la mirada en la manija de la puerta al final del pasillo.
    
    El trayecto de dos metros fue una eternidad: cada paso una suma de pequeños dolores, cada impulso un riesgo de caída. Vero lo seguía con la mano extendida, lista para agarrarlo si flaqueaba. Al llegar al final del ...
    ... pasamanos, Ray sintió que le faltaba el aire. El corazón le latía en la garganta y las manos le dolían de tanto apretar.
    
    —¡Lo hiciste! —dijo Vero con la voz quebrada de genuina emoción.
    
    Ray soltó el pasamanos y se dejó caer en la silla de ruedas, que lo esperaba como un refugio. El sudor le empapaba la nuca y los antebrazos. Se dejó caer hacia atrás, respirando como un corredor de maratón tras la meta.
    
    Vero corrió a la cocina y volvió con un vaso de agua, con un popote morado de plástico.
    
    —Para el campeón —dijo, ofreciéndole el vaso.
    
    Ray bebió sin protestar. El agua fría le aclaró la mente.
    
    —Eso estuvo... —empezó a decir.
    
    —Increíble —completó Vero.
    
    Ray asintió, demasiado cansado para fingir indiferencia. Vero le revolvió el pelo con la mano, y luego retiró la silla hacia la sala de estar.
    
    La casa olía a flores. El living se había transformado en una especie de altar improvisado: flores en floreros reciclados de frascos de mermelada, tarjetas de colores brillantes con mensajes tipo “¡Bienvenido guerrero!” o “Vas a lograrlo, Ray”, peluches con cintas de globos desinflados. Había también cajas de bombones, libros usados y hasta una camiseta de fútbol firmada por todos sus ex compañeros del club.
    
    Ray observó el escenario como si fuera un montaje para una obra ajena. No odiaba el gesto, pero le pesaba la insistencia de la compasión ajena, la obligación de mostrarse agradecido por haber vuelto de la tumba. Al menos, pensó, las visitas habían parado. El ...
«1234...»