1. Después del sueño (2)


    Fecha: 12/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... prolongar la exposición. Vero sonrió apenas, cómplice de un secreto que nunca nombrarían.
    
    Lo ayudó a vestirse con una remera limpia y pantalón de algodón. Luego, lo llevó de regreso a la sala, donde la tarde empezaba a caer tras la ventana.
    
    Vero lo ayudó a enfundarse en unos bóxers nuevos, todavía con la etiqueta medio pegada al elástico, y le pasó una remera gigante, blanca, con el logo del hospital estampado en la manga. La remera le caía hasta la mitad del muslo, dándole a Ray el aspecto de una criatura híbrida entre paciente y polizón. La ropa era un nuevo reto, pues como hemos contado, nuestro héroe siguió creciendo durante el larguísimo sueño, así que todos ítems de su clóset le quedaba más que pequeños.
    
    Vero tenía la costumbre de leerle antes de dormir. A veces leía en voz alta un capítulo de novela, pero otras veces usaba un libro de texto, porque la meta era que Ray terminara la preparatoria al menos el verano siguiente. Esa noche, trajo un libro de historia, lo abrió donde el marcador de papel estaba doblado, y leyó con voz de profesora de primaria, un pasaje sobre la importancia de la segunda revolución industrial.
    
    Ray asentía, le parecía mucho más sencillo memorizar estos datos sin sentido que intentar inútilmente que su cuerpo le respondiera.
    
    —¿Quieres que siga, o ya te dormiste? —preguntó Vero, luego de un párrafo especialmente denso.
    
    —Continua, me gusta —dijo Ray.
    
    Así pasaron veinte minutos, quizá media hora. Vero cerró el libro con un ...
    ... chasquido, bostezó con los ojos cerrados y se tiró hacia atrás, dejando el libro sobre la mesa de luz.
    
    —Listo, campeón. Hoy progresaste mucho. Mañana vamos a sorprender al doctor —dijo, y se acomodó la cabeza sobre la almohada.
    
    Ray miró el techo, mudo. Quería decir algo, pero no encontraba el tono.
    
    Vero apagó la lámpara, y la oscuridad llenó el cuarto de zumbidos y respiraciones.
    
    —¿Estás bien? —preguntó Vero, con voz de madre nocturna.
    
    —Sí. Sólo cansado.
    
    Vero lo abrazó por el hombro, apretando apenas.
    
    —Buenas noches, Ray —susurró, y le estampó un beso fuerte en la mejilla.
    
    Ray fingió fastidio, rodando los ojos, pero en realidad sintió que la piel le vibraba ahí donde el labio de su madre lo había tocado.
    
    —Buenas noches —replicó, bajando la voz hasta convertirla en secreto.
    
    Se quedó un largo rato mirando la sombra de las cortinas moviéndose en la pared. Sentía el pulso bajo la piel, el eco de la voz de Vero y el calor de su abrazo. Sabía que debía sentirse incómodo por el afecto, pero en el fondo no había lugar para otra cosa que una gratitud tibia, redonda.
    
    Antes de quedarse dormido, se prometió que nunca le confesaría lo mucho que le gustaba dormir pegado a su madre. Que prefería fingir molestia, como si ese afecto fuera un exceso innecesario, un acto de la infancia que ya debía haber superado. Pero era mentira. Nadie dormía mejor que él cuando sentía a Vero respirando en la almohada de al lado.
    
    La mañana siguiente le costó más de lo habitual ...
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