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Después del sueño (2)
Fecha: 12/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... abrir los ojos. La luz se filtraba por la cortina como una red tibia y la cama, vacía a su lado, olía a cuerpo dormido y a shampoo de supermercado. Ray giró la cabeza sobre la almohada, buscando el remolino de pelo negro de Vero, pero ella ya no estaba. Escuchó el tintinear de los cubiertos y el runrún del microondas desde la cocina. Sintió una punzada de soledad absurda, como si el cuerpo de su madre funcionara ahora también como amuleto contra la muerte. Fue entonces que notó la presión en la entrepierna. El sueño había dejado el pene erecto y sensible, pulsando con la urgencia propia de los adolescentes, pero también con la frustración de quien no tiene dominio total sobre sus miembros. Ray deslizó la mano bajo la sábana y se tocó con suavidad, si algo recordaba su cuerpo, es que ese contacto le gustaba. El contacto era bueno, mejor de lo que recordaba, y en seguida la respiración se le hizo más rápida. Pero los dedos, todavía torpes, se le escapaban del ritmo, y la coordinación entre deseo y movimiento era deficiente, como tratar de escribir con la mano equivocada. Insistió, apretando los dientes, humillado incluso ante sí mismo por no poder masturbarse como un ser humano normal. El sudor le corría por la sien y sentía que la piel le ardía donde la mano no alcanzaba a dominar la tarea. El cuerpo quería rendirse, pero la cabeza se negaba. La puerta del cuarto se abrió de golpe. Ray apenas tuvo tiempo de soltar el pene y girarse patéticamente de lado, ...
... jalando la sábana en un pírrico intento de cubrirse. Vero apareció en la puerta con una bandeja. —¿Estás despierto? —preguntó, antes de advertir la escena. Ray no respondió. Sentía la erección latir bajo la sábana, como un animal acorralado. Vero se quedó en silencio un par de segundos. Sus ojos viajaron de la cara de Ray a la sábana, luego de vuelta a la cara, y después se quedaron fijos en un punto neutro sobre la pared. Fue un pestañeo, un microgesto, pero Ray supo que había visto todo. —Te traje desayuno —dijo al fin, entrando al cuarto como si nada. Dejó la bandeja en la mesa de luz. El movimiento hizo que el escote de la remera blanca se abriera un poco, dejando ver el inicio de los pechos. Ray miró hacia otro lado, temblando de rabia y pudor. Vero se sentó en el borde de la cama, a un metro de distancia. Ray no podía soportar la vergüenza. Hubiera preferido que Vero gritara, hiciera un comentario sarcástico, cualquier cosa menos esa indiferencia perfectamente actuada. —Gracias —dijo, la voz ronca, apenas audible. El almuerzo minutos después fue casi un trámite. Vero preparó un guiso de lentejas con panceta, un plato que a Ray le había gustado siempre pero que ahora le resultaba insípido. La charla fue mínima, reducida a intercambios funcionales. —¿Te escribió alguno de tus amigos? —preguntó Vero, revolviendo el guiso en el plato. Ray negó con la cabeza. —La verdad es que… ya no hablamos casi. —¿Por qué? Ray se encogió de hombros. ...