1. Después del sueño (2)


    Fecha: 12/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... Tardó en responder, porque no tenía una explicación sencilla.
    
    —No sé. Supongo que… su vida siguió y yo me quedé en pausa. Ahora es raro.
    
    Vero lo miró con una tristeza aguda, más intensa que la de los primeros días, pero la disimuló con una sonrisa blanda.
    
    —No es raro, Ray. Es un proceso. Ya vas a encontrar tu lugar otra vez.
    
    Ray forzó una sonrisa, sólo para que ella no se preocupara.
    
    —Sí, seguro.
    
    Comieron en silencio un rato más. El ruido de los cubiertos y el tintinear del vaso eran lo único que llenaba el aire. Ray pensó en los amigos que alguna vez tuvo, es decir, seguían siendo sus amigos, pero es como si él hubiera viajado a otro país y desaparecido y ahora…
    
    Vero se levantó y empezó a lavar los platos. Desde la cocina, gritó:
    
    —En seguida te ayudo.
    
    Se quedó solo en la mesa, observando cómo la sombra de la ventana se estiraba sobre el mantel.
    
    La tarde cayó sobre la casa con un silencio de terciopelo. Ray fingía ver televisión mientras Vero preparaba la cena, pero en realidad miraba el reflejo de su madre en el vidrio de la ventana. Los movimientos de ella —el vaivén de las caderas, la fuerza controlada en los brazos, el modo en que apartaba el pelo de la frente con el dorso de la mano— le ocupaban el cerebro casi por completo.
    
    Después de comer, Vero recogió los platos y anunció la rutina de siempre:
    
    —Baño y a dormir.
    
    Ray asintió, notando cómo el cuerpo respondía antes que la voluntad.
    
    Esa noche, Vero llenó la bañera hasta el ...
    ... borde. El vapor empañaba el espejo y las paredes transpiraban gotas de agua. Ray estaba sentado en el filo de la bañera, esperando a que su madre le quitara la ropa.
    
    Una vez dentro del agua, Ray cerró los ojos, pero la conciencia de lo que iba a suceder más adelante lo mantenía en vilo. La esponja recorrió el cuello, los hombros, el pecho, bajó por el estómago y se detuvo justo antes de la línea del pubis. Vero cambió la esponja por la mano enguantada en jabón, y con movimientos precisos limpió la zona. La erección fue instantánea, obscena, desvergonzada.
    
    Vero no apartó la mano, ni fingió sorpresa. Siguió lavando el miembro de Ray con delicadeza, rodeándolo por la base, deslizando los dedos por el tronco y el glande. Por un instante, Ray pensó que todo formaba parte del acto médico, de la rutina necesaria. Pero entonces Vero hizo algo distinto: apretó suavemente los testículos de Ray con la palma, y la otra mano quedó inmóvil, sosteniendo el pene con una firmeza suave.
    
    Ray abrió los ojos de golpe. La habitación giró levemente. Vero lo miró, pero esta vez no apartó la vista.
    
    —¿Hay algo más en lo que pueda ayudarte? —preguntó, la voz ronca, cargada de una intención que Ray nunca había escuchado antes.
    
    Ray no supo qué responder. Su boca se secó y el corazón le saltaba en el pecho.
    
    Vero repitió el gesto, esta vez más lento. La mano que sostenía el pene empezó a moverse hacia arriba y abajo, primero tímida, luego con una seguridad metódica. El sonido era apenas ...
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