-
Lo Que Ella Sabe 2
Fecha: 17/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ariadna Apodidomi, Fuente: TodoRelatos
... el dejó que su fusta se paseara entre sus pliegues y exigía que abriese más sus nalgas para el disfrute de, no sabe quién eran, haciéndola sentir como un animal de feria o un sacrificio a un dios secreto que se oculta tras sus demandas, exigencias y caprichos. Porque en esa entrega donde lo erótico es libro sagrado, encontró la forma de pensar con el cuerpo entero. Hay un momento en que la piel no es solo piel. En esos momentos Lía necesita que la acaricien, necesita que le ordenen que se toque, necesita sentir para comprender. Toma un pequeño vibrador de la mesilla, el famoso Satisfyer, y se lo coloca encima del clítoris. Siente la humedad de su deseo entre los dedos. Quiere liberarse de tanto anhelo, de tanta locura, y sobre todo quiere derramarse como lo hizo ante él. Salió de su coño un chorro de agua tibio que inundó el sillón donde se encontraba atada. Hasta ella se sorprendió, nunca había eyaculado así. Pensó que eso sólo pasaba en las películas porno japonesas. Conecta el botón y el aparato empieza a succionar la carne de su sexo. Mira el móvil buscando un mensaje de él, algo que diga que puede correrse, que le daban permiso. Pero no ha recibido nada en toda la mañana. Él solía mandar ciertas ordenes antes de que se levantara. Pero hoy, nada. No ha recibido nada. De pronto el aparatito se agarra al lugar exacto y siente como si le succionaran el éxtasis de su ser. Todo el cuerpo tiembla y su corazón se encoge mientras sus labios se abren para que su lengua se ...
... escape de su rostro. Y un segundo antes de que sus ojos se vayan a blanco, alcanza a encontrar el botón de apagado que detiene el dispositivo y lo frena todo. El cuerpo entero cae como una sobre-colcha recién planchada. La pedagogía del deseo no admite retorno. Es como haber aprendido una lengua extraña que, una vez conocida, invade la lengua madre. Todo suena diferente. El mundo se vuelve más vibrante, más cruel, más hermoso. Como si hubiera dejado atrás el aprendizaje abstracto, ese que se impone desde afuera, para entrar en un saber que se sostiene desde adentro, en la sangre, en la pelvis, en la respiración. Como si fuera un grito de rebeldía, un pensamiento se infiltra en su mente y la saca de ese estado de entrega absoluto: “Llama, ¡maldita sea!, necesito oír tu voz, necesito que me contengas.” Ya no es la misma que antes de entregar sus deseos más íntimos. No es la misma que antes de haber obedecido con todo el cuerpo y, en esa obediencia, haberse revelado a sí misma. Ahora su cuerpo recibe la enseñanza del deseo como si fueran marcas, placenteras y, a veces, dolorosas. Pero todas verdaderas. No se trata de su rostro. Ni de su cuerpo. Se trata de algo más hondo: la imagen de lo que ha sido parido dentro de ella misma. Un ser nuevo. No del todo desconocido, pero distinto. Duele como duele la piel nueva que nace tras una quemadura: esa sensibilidad expuesta que aún no sabe por dónde respirar, pero que intuye —desde alguna profundidad callada— que ahora, al fin, ...