1. Lo Que Ella Sabe 2


    Fecha: 17/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ariadna Apodidomi, Fuente: TodoRelatos

    ... en planos cortos. Nada completo. Nada lineal. Como si una cámara muy íntima la hubiera filmado mientras se volvía otra. Como si hubiera sido una muñeca en un juego que no controlaba, o en una performance donde sólo era objeto y nunca sujeto. Tal vez la tarima era su cuerpo. Tal vez lo que se representaba era su deseo, con trazo grueso y tembloroso. No sabe si eso había ocurrido. Pero su cuerpo, que ahora se sostiene frente al espejo con los muslos levemente separados, empieza a reaccionar. Sus pezones se levantan, su clítoris rompe fuera de los labios empapados por la lubricidad de su excitación. Se asoma con exceso. Su lengua resbala de izquierda a derecha por su boca entreabierta y sus dedos se convulsionan bajo la exigencia de una orden contradictoria.
    
    La pelvis se mece sensualmente y sus ojos brillan como estrellas. Su pecho sube y baja con la cadencia de un gemido repetido en el ritmo de sus pensamientos. Y recorre con las manos cada marca, moratón, rojez y señal de la piel con algo que podía llamarse orgullo, no el orgullo de algo adquirido con esfuerzo, sino el orgullo aprendido en el deseo. Cuando llega a las marcas del interior de sus muslos las acaricia, suave y dócilmente, y sube hasta la prominencia de su clítoris que buscaba el cariño de un aliento. La palma de su mano se posa sobre la puerta del placer. Esta mojado y duro, Lía hunde dos dedos en su coño. No es un calor cualquiera —tiene la textura de algo que ha esperado, de algo que ha sido tocado ...
    ... demasiadas veces por la pasión, pero no lo suficiente por la sumisión. Su caricia tibia, pero no del todo, decide entrar con lentitud. Primero las yemas de los dedos, luego todo el resto. Una presión suave, casi temerosa. Como si pidiera permiso.
    
    El olor es fuerte, vigoroso, casi un manjar. Las secreciones se pegan entre los dedos como lo hacen los recuerdos a su lengua. Con el primer movimiento, gime con descaro. Y su reflejo de placer en el espejo le excita, le vuelve animal. Hay que insistir. Y Lía insiste. La mano va hasta la lengua y se arrastra por la superficie húmeda con un ritmo lento, irregular. Los dedos se doblan, se hunden, se aprietan mientras la palma se frotaba contra la corona de su coño. Gira. Vuelve a empezar. El cuerpo entero empieza a acompasarse con ese gesto. Acariciarse es una forma de memoria. El cuerpo sabe qué hacer, aunque la mente esté perdida, flotando en las escenas de su encuentro con él.
    
    La piel respira. Sí, respira. Se infla levemente, emite pequeños sonidos sordos —como un corazón de aire— y luego se agita en cada resuello. En ciertos momentos, la textura del deseo empieza a mojar todo su ser, con un sudor fino y arrogante. Se hace pegajosa, y los dedos se quedan atrapados como si su sexo supiera defenderse. Entonces Lía se detiene, lleva los dedos de nuevo a su legua, como quien cura una herida sin hacer preguntas.
    
    Le gusta sentir cómo las yemas de sus dedos resbalan con la humedad blanca. Cómo cada pliegue de su sexo queda marcado por su ...
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