-
El amor sin concepción
Fecha: 25/10/2026, Categorías: Hetero Intercambios Autor: Chicles, Fuente: SexoSinTabues30
... con ella practicaba elcoitos interruptio, saliéndome y derramando mi semilla en su abdomen, la cual ella dispersaba en su piel sonriendo y satisfecha pues siempre he tenido la costumbre de hacerlas gozar mucho produciéndoles múltiples orgasmos. Entendí que sólo me quería para su diversión, pues a la siguiente invitación que tuve me dijo “Ahora sí puedes venirte dentro de mí, me puse un DIU” –aclaró. –¿Y la otra…? –preguntó. –La otra fue muy patética. Se trataba de una amiga de la infancia, podríamos llamarle “mi primera novia” ya que nos acariciábamos, besábamos y manoseábamos desde los seis años y dejamos de hacerlo a los diez, cuando se cambiaron pues había fallecido su madre –expliqué con la mirada en la lejanía. –Sí, recuerdo a una niña a la que preferías cuando iba a sonsacarte. ¡Pero eso no tiene que ver con hacer niños! –reclamó. –Sí, lo entiendo, pero no me dejaste terminar –expliqué–. Un cuarto de siglo después fue a buscarme al trabajo. No sé como dio conmigo. Me sentí feliz de verla y aunque no era una belleza, me emocioné con los recuerdos. Originalmente fue a pedirme un favor para su hermano Víctor y se lo hice posteriormente, pero mi pregunta inmediata fue expresar “¿Víctor?, pensé que sólo se llamaba Jorge”, y ella me puso al tanto que Jorge ya había muerto, que su padre volvió a casarse y tenía otra familia. Ella y sus dos hermanas vivían juntas, sin haberse casado, incluso seguían vírgenes, cosa que no creía su padre. –¡Caramba!, qué ...
... traumático… –sonrió Hugo. –Bueno estas cosas las supe poco después ya que comenzó a frecuentarme a mi departamento y al trabajo. El pretexto ahora fue que quería ver a mi mamá, quien había sido gran amiga de la suya. El encuentro fue emotivo, hubo llanto por ambas partes al recordar a doña Elena. Al poco tiempo reanudamos los besos y los abrazos, incluso el manoseo en las tetas que me dejó mamarlas a gusto. Pero cuando le propuse ir a un hotel cuando salí del trabajo, ella se negó como si fuese una quinceañera. Entendí que ella no quería exponerse al embarazo, y menos a la maternidad. Yo estaba deseando hacerla madre, pero me desencanté y fui enfriando el asunto. Vaya, ni siquiera tuvimos coito. Cuando me casé por segunda vez, ella me buscó sólo para reclamarme que me hubiera casado. “Seguro que la embarazaste antes” señaló con un dejo de ira. –¡Carambolas!, quién entenderá a las mujeres –señaló con un tono de tristeza. –Hubo otro par de casos, con dos migas casadas, que sólo llevaban control de la natalidad en las pocas veces que hacían el amor con sus maridos, pero no conmigo. Incluso se molestaban cuando me salía de ellas para regarles el ombligo con mi esperma, lo cual era frecuente salvo cuando me aprisionaban con brazos y piernas al darse cuenta que ya eyacularía. Yo les hacía ver el problema que podrían tener si salían embarazadas. “No creo que se dé cuenta que no es suyo”, coincidieron en ambos casos. Una de ellas aseguró “Me gustaría que uno de mis hijos fuera tuyo”. ...