1. Pude follarme a la hermana melliza de mi esposa


    Fecha: 27/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos

    Tuve la suerte, o la desgracia, de embarazar a mi mujer a los pocos meses de haberme casado. Eso contribuyó para que nuestros problemas de convivencia y de pareja, pasaran a un segundo plano. Teníamos que convertirnos en adultos responsables y sólo pensábamos en el “bien de nuestros hijos”. El plural está bien utilizado en este caso, porque tuvimos mellizos.
    
    Ana nunca se recuperó de ese doble parto, se dejó estar y al cabo de un año ya se había puesto gorda como una ballena. Siempre estaba de mal humor y le molestaba cualquier sugerencia que yo le hiciera. Lo cierto es que dejó de calentarme y, primero por el tema de la cuarentena y luego por la atención que requerían nuestros hijos, dejamos de tener relaciones sexuales.
    
    La probabilidad de que tuviéramos mellizos era alta, porque Ana era también melliza y dicen que eso es hereditario. Ana y Beatriz, así se llama su hermana, son prácticamente idénticas. Cuando las conocí en la facultad de medicina eran un calco: dos rubias de rasgos filosos, buena cintura y una reputación envidiable según los testimonios de los estudiantes que aseguraban que juntas eran dinamita. En el bar de la universidad, las habían catalogado como a dos hembras increíblemente sensuales cuando estaban solas y absolutamente infernales cuando estaban juntas.
    
    Según la leyenda universitaria, engañaban a los chicos con los que salían y los intercambiaban. Y si ambas coincidían en los gustos, no tenían dramas en entregarse juntas. Se decía que una ...
    ... mamada de las mellizas, equivalía a un 10 en neuropsiquiatría y que sus escenas lésbicas, podrían provocarle una erección a los finados de la morgue. Ana siempre me negó todas esas historias. “Se las imaginan ustedes, que son todos unos pajeros”, me contestó una tarde en la que le pregunté si era cierto si ella y Beatriz habían participado en varias “fiestitas” de futuros egresados.
    
    A pesar de que en un principio, Ana en la cama parecía afirmar las versiones estudiantiles, los años de convivencia y una escasa variedad de recursos a la hora del sexo, me inclinaron a aceptar la versión de mi mujer. De los tres, Ana, Beatriz y yo, el único que se recibió de médico fui yo. Ana dejó los estudios cuando se confirmó lo del embarazo y Beatriz un año más tarde, cuando se casó con un empresario y se recluyó en el gimnasio y la vida familiar.
    
    A pesar de todo lo que se dice acerca de las mellizas, Ana y Beatriz no parecían tener esa necesidad mutua que caracteriza a los que compartieron el vientre. Alcanza con decirles que mis hijos ya tienen 14 años y hasta que cumplieron diez sólo nos habíamos visto en escasas ocasiones con la hermana de mi mujer. Pero todo cambió imprevistamente el año pasado, gracias a una mano que me dio la profesión.
    
    Soy médico cirujano y por mis resultados me he convertido casi en una eminencia cuando se trata de problemas cardíacos. Ese prestigio profesional derivó en un importante crecimiento económico y pude comprarme un departamento cerca del consultorio, ...
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