1. Pude follarme a la hermana melliza de mi esposa


    Fecha: 27/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos

    ... le pedí que se sentara en la camilla, noté que tenía las piernas recién depiladas por la irritación que denunciaban algunos de sus poros. “¿No me vas a pedir que me desvista?”, me alentó con un tono de golfa que casi que hace mandar al diablo la revisión. Pero el juego me estaba excitando. “Tranquila, primero quiero escuchar tu corazón”.
    
    Le pedí que inhalara y exhalara el aire y que tratara de prolongar la letra m para que yo pudiera escuchar con el estetoscopio. Cuando le apoyé el instrumento, su piel se erizó y lanzó un leve gemido cuando empezó a pronunciar la letra m. “Mmmm, que bien se siente”, me apuró. Le advertí que le iba a hacer un tacto en la zona de los pechos, para comprobar que no fuera algún problema mamario lo que le estaba provocando el dolor de pecho. Ella se desató el vestido con un leve movimiento de su mano y sus pechos quedaron flotando frente a mis narices.
    
    Mientras la tocaba, ella jugaba con su respiración. “Tengo algo raro, doctor, también siento un dolor cerca de la entrepierna”. Yo seguí jugando con sus pechos. Y con mi otra mano le acaricié las piernas. Ella las abrió instintivamente y a mi me aterrorizaba el hecho de estar cogiéndome a mi mujer pero como hacía 10 años.
    
    Después de sobarle los senos, la besé en la boca y nos prendimos en un beso que nos puso más cachondos todavía. Bajé hasta sus senos y recién ahí advertí que se los había operado por una ínfima cicatriz a la altura de los pezones.. Ahora Beatriz tenía unos pechos ...
    ... perfectos y mucho más grandes de lo que yo recordaba. “Doctor, le dije que sentía un dolor en la entrepierna, no podría revisarme también allí”: Obedecí y me sumergí en su concha. Estaba empapada y sus flujos le habían dado un brillo especial a su entrepierna. Me gustó su sabor y le di una buena mamada. Digo buena, porque mientras se la daba acabó por lo menos dos o tres veces.
    
    Le dije que no tenía nada y me preguntó si aceptaba el pago en especias. Le dije que sí y se bajó de la camilla. Se sacó hacia abajo el vestido y se puso en cuclillas para comerse mi polla. Era una maestra, mientras hacía la desaparecer en su boca, se acariciaba el clítoris. Y tenía que sacar mi polla de su boca para aullar. “Mmmm, que rica polla. Y qué dura está. Necesito que me penetres hasta el cansancio”. Apoyó sus codos en la camilla, levantó la cola y me pidió que se la metiera desde atrás.
    
    Tenía la concha tan húmeda, que mi polla se deslizó suavemente hasta que mis huevos golpearon con sus nalgas. “Cogeme fuerte, por favor, cogeme”, me suplicaba mientras yo la embestía con toda la violencia posible. Me aclaró que ella se cuidaba y que ni se me ocurriera sacarla bajo ninguna circunstancia. Yo estaba como loco, cogiéndome a una hembra en celo, increíblemente parecida a mi mujer. “Enterrámela hasta los huevos”, y acabamos los dos juntos, fue algo increíble.
    
    Esa noche cogimos hasta el cansancio. Beatriz se fue de mi pseudo consultorio con una sonrisa que nadie le había visto en años. Desde allí en ...