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Pude follarme a la hermana melliza de mi esposa
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos
... para atender mis asuntos particulares. Básicamente, allí llevaba mi vida de soltero, tenía varias amantes y disfrutaba de los beneficios de hacer lo que se me daba la gana sin que nadie me lo recriminara. En una operación sólo se puede saber la hora de inicio, pero nunca la de finalización. En ese contexto y con esa libertad podía moverme por el mundo sin que nadie advirtiera mi doble vida. El año pasado recibí una llamada en mi celular. Era Beatriz que me pedía que fuera urgente para su casa porque su marido tenía problemas de corazón. Le aconsejé que llamara a la clínica para que enviaran una ambulancia de alta complejidad. “Para evitar cualquier inconveniente”, le dije para tranquilizarla. Cuando llegué, el cuadro me sorprendió: ella estaba con un conjunto de encaje, medias negras y tacos altos. Tenía puesto un body de tul casi transparente que me permitió apreciar todos sus encantos. Tenía el tul metido entre las nalgas y su cola era redonda y dura, el opuesto cruel de la de Ana. Mientras me llevaba hasta el dormitorio, pensé en cómo se había arruinado mi mujer y traté de concentrarme en mi trabajo para no cometer errores. Beatriz era la imagen de la hembra de la que yo me había enamorado y eso me excitó mucho. Su marido estaba sentado en la cama, se tapaba sus genitales con una sábana, pero no llevaba nada puesto. Le pregunté los síntomas, le tomé la presión y noté una arritmia que me obligó a ordenarle la internación. Miré a Beatriz y le dije como para que ...
... notara que la había observado. “Vestite así nos vamos para la clínica”. Llamé a Ana y le conté lo que había pasado. Le dije que ni se molestara cuando se ofreció a venir porque lo iba a derivar a una sala de terapia intensiva, donde no estaban permitidas las visitas. Beatriz estaba muy nerviosa y asustada, pero se calmó cuando le dije que esto era de rutina y que seguramente volvería a su casa luego de dos días de observación. Después de hacer todos los papeles y permitirle que se despidiera de su marido, le pedí que aguardara en la sala de espera porque debía hacerle algunas preguntas. Por los años de profesión, puedo asegurar que los hospitales sensibilizan a la gente. Beatriz se presentó en mi oficina para hablar a corazón abierto. Le pregunté si su marido había estado nervioso en estos días o si había pasado algo que pudiera haberlo presionado más de la cuenta. “Lo único que puedo decirte es que está tomando Viagra desde hace unos meses. Se la recomendaron en la empresa, algunos compañeros, pero nunca se hizo ver por un médico”, me contó sin tapujos. La excusa me animó para que hiciera un comentario malicioso, cargado de ironía. “Si fuera que está con Ana entiendo la del Viagra, pero con vos, que estás como cuando éramos estudiantes. Qué desperdicio, Beatriz, por favor”. A ella la incomodó un poco, pero en el fondo le gustó. Porque desde allí su actitud cambió. Le ofrecí un café y le recomendé que se fuera a su casa a descansar, que volviera al otro día durante el ...