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La mal cogida
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Elgeralex, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... hacía años. --- 3. Las miradas La primera semana fue de adaptación. Santiago preguntaba mucho, pero no de manera molesta. Quería entender los procesos, los clientes, los terrenos. Y yo, por mi antigüedad, era a quien más consultaba. —Oye, Valentina, ¿cómo calculas el rendimiento de inversión en este lote? —me preguntó un martes, acercándose a mi escritorio. Me explicó su duda. Olía a algo limpio, a jabón de hombre, a madera. Mientras le respondía, sentí su mirada fija en mis labios. No en mis ojos. En mis labios. —¿Entiendes? —pregunté. —Sí —respondió, pero seguía viendo mi boca. Esa noche, en la cama, mientras Diego me daba la espalda, pensé en esa mirada. Me masturbé imaginando que era Santiago quien me observaba. Y me corrí en silencio, con una mano tapándome la boca. --- 4. El primer roce "accidental" Pasaron dos semanas. El coqueteo era sutil, casi imperceptible para cualquiera que no estuviera buscándolo. Una sonrisa que se alargaba. Un "necesito tu ayuda" que era una excusa para estar cerca. Un vaso de agua que él me alcanzaba y nuestras manos se rozaban. Pero el jueves de la tercera semana pasó algo más. Estaba yo en la cocineta, sirviéndome café. Santiago entró detrás de mí. El espacio era pequeño, apenas cabían dos personas. Para salir, tuve que pegarme a la pared. Él pasó de frente, y en el paso, su pelvis rozó mis nalgas. No fue un roce cualquiera. Fue un contacto firme, intencionado, que duró lo que un ...
... latido. —Perdón —dijo, pero no se disculpó con los ojos. Me miró de frente, y en sus pupilas había hambre. —No te preocupes —respondí, y mi voz sonó más ronca de lo que quería. Esa tarde, en el baño de la oficina, me metí al cubículo, me bajé las bragas y me toqué pensando en ese roce. Mis dedos resbalaban porque estaba empapada. Me vine apretando los labios para no gemir. Cuando salí, me lavé las manos y me miré al espejo: mejillas coloradas, ojos brillosos, el cabello un poco revuelto. Pareces una putita en celo, me dije. Y sonreí. Porque lo era. --- 5. El esposo, otra vez Ese viernes, Diego quiso intentarlo. —Hoy me siento con ganas —dijo, mientras yo terminaba de contestar un correo en la cama. Se acercó a besarme. Su beso era baboso, sin técnica. Metió la mano bajo mi camisón y apretó uno de mis pechos con brusquedad. —Más suave —pedí. Él ni me escuchó. Bajó directo a mi entrepierna. Metió un dedo, seco. Me dolió. —Espera, necesito lubricante —dije. —No seas exagerada. Me puso boca arriba, abrió mis piernas y se subió. Su pene no estaba del todo erecto. Lo intentó introducir. No pudo. Lo intentó otra vez. Nada. —¿Ves? —dijo, como si fuera mi culpa—. Te pones nerviosa. —Yo no me pongo nerviosa, Diego. Es que no me excitas. El silencio fue helado. Dio media vuelta y agarró el celular. —Bueno, ya se me pasaron las ganas. Y se puso a ver videos. Yo me quedé mirando el techo, con el pecho ardiendo de rabia y deseo. Me levanté, ...