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La mal cogida
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Elgeralex, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... noche. Fuimos a un bar de la Roma, con música en vivo y mesitas de madera oscura. Diego se quedó en casa, por supuesto. Ni siquiera fingió interés en acompañarme. Nos sentamos en una mesa larga. Santiago se colocó a mi lado. Al principio fue casual. Luego, cuando la gente se levantó a bailar o a pedir otra ronda, él se acercó más. Su pierna rozaba la mía bajo la mesa. Yo no me aparté. —¿Tu esposo no te cuida? —preguntó, con voz baja, cerca de mi oído. —No. —¿Te cuidas tú sola? —Sí. —Eso es una lástima. Sus dedos tocaron mi rodilla por encima del vestido. Era un roce mínimo, casi inocente. Pero bajo la mesa, nadie lo veía. Yo me mojé al instante. —Santiago —susurré—, esto es peligroso. —Lo sé —respondió, y no retiró la mano. Así estuvimos media hora. Él acariciando mi rodilla, mis muslos, apenas rozando el borde de mi vestido. Yo fingiendo conversar con los demás, pero mi mente estaba toda en su mano. Cuando se levantó para ir al baño, sentí un vacío físico. Y supe que ya no había vuelta atrás. --- 9. La noche que casi... El lunes siguiente, me quedé hasta tarde en la oficina. Había que entregar unos números y me gustaba trabajar en silencio. Santiago también se quedó. Dijo que tenía que revisar unos contratos. A las ocho de la noche, la oficina estaba vacía y oscura, salvo por la luz de nuestras pantallas. —¿Tienes hambre? —preguntó desde su escritorio. —Un poco. Se levantó, fue a la cocineta y volvió con dos ...
... sándwiches y dos refrescos. Comimos en mi escritorio, cerca de la ventana. La ciudad brillaba abajo. —¿Eres feliz, Valentina? —preguntó de repente. —No. No me salió mentir. No con él. —¿Qué te falta? —Lo que tú me imaginas. El silencio se hizo denso. Él dejó su sándwich. Me miró fijo. Y entonces su mano subió a mi rostro, me apartó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Llevo semanas queriendo hacer esto —susurró. —¿El qué? —Esto. Se inclinó y me besó. No fue un beso rápido ni torpe. Fue lento, profundo, con lengua, con mano en mi nuca, con todo el cuerpo inclinado hacia mí. Su otra mano bajó a mi cintura, luego a mi cadera, luego a mi muslo. Subió mi vestido hasta encontrar el hilo negro que llevaba. —Lo sabía —murmuró contra mi boca—. Sabía que traías algo así. Me sentó en el escritorio. Abrió mis piernas. Se puso entre ellas. Sus dedos apartaron el hilo y me tocaron. Yo gemí. —Silencio —pidió—. La oficina está vacía, pero las paredes son delgadas. Me metió un dedo. Luego dos. Yo me aferré a sus hombros. Me estaba besando el cuello, chupando esa zona que me vuelve loca. Me iba a venir en menos de un minuto. Pero se detuvo. —No aquí —dijo, con la respiración entrecortada—. No la primera vez. —¿Y entonces? —El sábado. La fiesta de fin de año. Espérame en el baño de mujeres a las once. Yo te busco. Se apartó. Se ajustó el pantalón donde se notaba su erección. Me ayudó a bajar el vestido. Me miró a los ojos, con esa mirada que ...