1. La mal cogida


    Fecha: 17/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Elgeralex, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... ya conocía.
    
    —El sábado, Valentina. No faltes.
    
    Y se fue.
    
    Yo me quedé en el escritorio, con el hilo empapado, el corazón latiendo en la garganta, las piernas temblando. Miré por la ventana. La ciudad seguía brillando.
    
    El sábado faltaba cinco días.
    
    Pero ya me estaba mojando otra vez solo de pensarlo.
    
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    10. La espera
    
    Los cinco días que faltaban para la fiesta de fin de año fueron una tortura dulce.
    
    En la oficina, Santiago y yo mantuvimos las formas. Buenos días. Café. Reuniones. Números. Pero debajo de la mesa, en los pasillos, en los ascensores, había un campo magnético que nos atraía. Cada vez que cruzábamos miradas, yo sentía un calambre en el vientre. Cada vez que nuestras manos se rozaban al pasar un documento, yo me mojaba.
    
    El miércoles, me encontró sola en la sala de juntas.
    
    —¿Ya pensaste en el sábado? —preguntó, cerrando la puerta tras de sí.
    
    —No dejo de pensarlo.
    
    Se acercó. Me tomó de la cintura y me pegó contra la pared. Su cuerpo presionaba el mío. Pude sentir su erección contra mi vientre.
    
    —Quiero oírtelo decir —susurró, con la boca en mi oreja—. Dime lo que quieres.
    
    —Quiero que me cojas —respondí, y mi propia voz me sonó extraña, ronca, hambrienta.
    
    —¿Dónde?
    
    —En el baño. En tu camioneta. En un motel. En cualquier parte.
    
    —Vas a tener que esperar —dijo, y me besó el cuello, justo donde late la sangre—. Pero mientras tanto…
    
    Metió una mano bajo mi vestido. Encontró el hilo rojo que llevaba ese día. Lo apartó. Sus ...
    ... dedos entraron en mí con una facilidad que me avergonzó.
    
    —Estás empapada —dijo, con una sonrisa en la voz.
    
    —Por tu culpa.
    
    Me hizo venir en menos de un minuto. Tuve que morder su hombro para no gritar. Cuando terminé, me ayudó a arreglarme el vestido, me besó la frente y salió de la sala como si nada.
    
    Yo me quedé allí, con las piernas temblorosas, el hilo torcido, la respiración rota.
    
    El sábado, pensé. Solo falta el sábado.
    
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    11. La noche antes
    
    El viernes, un día antes de la fiesta, Diego quiso intentarlo otra vez.
    
    Llegó a casa temprano —raro en él— y me encontró en la sala, leyendo en el celular. Estaba nerviosa. Al día siguiente vería a Santiago. Al día siguiente todo cambiaría.
    
    —Hoy sí me siento bien —dijo Diego, sentándose a mi lado—. ¿Quieres?
    
    Lo miré. Era un hombre de treinta y cinco años, todavía joven, pero con la mirada apagada. Su cuerpo no estaba mal, pero su energía era la de alguien que se había rendido. Me dio lástima. Y un poco de asco.
    
    —Estoy cansada —mentí.
    
    —Siempre estás cansada.
    
    —Porque trabajo todo el día mientras tú ves televisión.
    
    Se levantó ofendido. Se fue a la habitación. Lo oí abrir la computadora. Porno, seguro. Siempre veía porno cuando yo le decía que no. Y después se masturbaba y se dormía.
    
    Esa noche, mientras él se corría frente a la pantalla en la otra habitación, yo me metí a la ducha y me masturbé pensando en Santiago. Me puse de espaldas al chorro, apoyé las manos en la pared, y gemí su nombre ...
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