-
La puta de mi hijo
Fecha: 24/06/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: davdilopez7207, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... masturbarme lentamente, mirándola fijamente. Laura tardó menos de un minuto en rendirse. Se abrió la bata por completo, dejando sus tetas grandes al aire, y metió la mano entre sus piernas. Su coño ya estaba mojado; se escuchaba el sonido húmedo de sus dedos desde donde yo estaba. Entonces decidí cruzar la línea. —Así me gusta, mamá puta… —dije con voz baja y cargada de desprecio—. Ábrete bien de piernas para tu hijo. Laura soltó un gemido ahogado. Sus dedos se movieron más rápido sobre su clítoris. Levantó la mirada hacia mí, con una mezcla de vergüenza y excitación que nunca había visto en ella. —Mateo… no me hables así… —susurró, pero su voz sonaba débil, casi suplicante. Sonreí con crueldad y aceleré el movimiento de mi mano sobre mi verga. —¿Por qué no? ¿No te gusta que te diga la verdad? Mira cómo estás… una madre de casi cuarenta años, abierta de piernas, masturbándose como una perra mientras su propio hijo se jala la verga frente a ella. Laura gimió más fuerte. Sus caderas empezaron a moverse contra su propia mano. Sus tetas se balanceaban con cada movimiento. —Eres una madre incestuosa —continué, subiendo el tono—. Una puta asquerosa que se moja viendo la verga de su hijo. ¿Cuánto tiempo llevas fantaseando con esto, mamá? ¿Cuántas veces te has corrido pensando en que tu hijo te trate como la zorra que eres? —Dios mío… —jadeó Laura. Tenía los ojos vidriosos. Sus dedos entraban y salían de su coño con mucha más fuerza. —Dilo —le ...
... ordené—. Quiero escucharte decirlo mientras te tocas. Laura negó con la cabeza, pero su cuerpo la traicionaba. Estaba más mojada que nunca. El sonido de su coño era completamente obsceno. —No… por favor… —suplicó, aunque sus dedos no se detenían. Le hablé más duro, con más desprecio: —Eres una perra de tu propio hijo, Laura. Una madre degenerada. Una puta barata que se corre con que su hijo le diga guarradas. Apuesto a que si ahora te pidiera que te pusieras a cuatro patas y me enseñaras el culo, lo harías sin pensarlo, ¿verdad? Laura soltó un gemido largo y profundo. Sus piernas empezaron a temblar. —Mateo… me estoy excitando demasiado… —confesó con voz rota, casi llorando de placer—. No sé qué me pasa… me excita mucho que me humilles… Sonreí con satisfacción oscura. —Claro que te excita, mamá puta. Porque en el fondo eres una zorra reprimida. Una madre que siempre quiso que su hijo la tratara como una puta barata. ¿Quieres que te diga más suciedades mientras te corres? Laura asintió frenéticamente, con lágrimas de vergüenza y placer corriendo por sus mejillas. Sus dedos se movían a toda velocidad sobre su clítoris hinchado. —Dímelo… por favor… —suplicó. Me incliné un poco hacia adelante, mirándola con desprecio y lujuria, y le hablé con toda la crudeza que pude: —Eres una madre asquerosa. Una puta incestuosa. Una perra en celo que se moja con la verga de su propio hijo. Quiero que te corras como la cerda que eres, mamá. Quiero que te corras ...