1. mama 3


    Fecha: 20/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: lliwo, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... cama, con el corazón todavía acelerado, diciéndose que no había cruzado ninguna línea.
    Solo eran juegos.
    Solo eran esos días en los que sabían que nadie iba a interrumpirlos.
    Solo eran abrazos que se habían vuelto demasiado largos, luchas que ya no eran inocentes, y un deseo que los dos fingían no nombrar.
    Pero cada vez que él se le echaba encima y sentía esa dureza caliente buscando sitio entre sus muslos, ella abría un poco más las piernas… y se decía, una vez más, que todavía no habían pasado la línea roja.
    Aunque ambos sabían, en el fondo, que la línea se estaba moviendo un poco más cada día. Ya sabía que llevábamos tiempo jugando.
    Y que podíamos seguir otro día sin clase.
    Esa mañana me levanté antes. Me puse el camisón nuevo, el de picardías que me había comprado solo para esto. Negro, corto, de tela fina. Sabía que le iba a gustar. Sabía que me iba a mirar de otra forma. Y yo… yo quería que me mirara así.
    Estaba en la cocina preparándole el desayuno cuando oí sus pasos. No me giré. Seguí cortando el pan, aunque las manos me temblaban un poco.
    Entró.
    Sin decir nada se acercó por detrás y me abrazó. Sentí su cuerpo entero pegarse al mío. Y entonces lo noté: ya estaba duro. Completamente empalmado. Su polla caliente y tensa se clavó contra mi culo a través de la tela fina del camisón. Me apretó más, como si quisiera que yo sintiera exactamente lo que le pasaba.
    Me quedé quieta un segundo. El corazón me latía fuerte. Me gustaba. Me excitaba notarlo así de ...
    ... necesitado contra mí. Pero todavía me aferraba a la idea de que éramos solo juegos.
    —Cariño… —dije en voz baja, sin girarme—. Vamos a desayunar.
    Él no se separó. Al contrario: se frotó un poco más contra mí, lento, dejándome sentir cada centímetro.
    —Mamá… mira cómo estoy —susurró cerca de mi oreja—. Por favor…
    Su voz sonaba ronca, casi suplicante. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Me mojé un poco solo de oírlo así.
    Respiré hondo. Sabía que si seguíamos así, algún día íbamos a cruzar la línea. Pero todavía no. Todavía no quería. O eso me decía.
    Me giré despacio dentro de sus brazos hasta quedar cara a cara. Lo miré a los ojos. Estaba rojo, excitado, con la respiración agitada. Su polla seguía presionando contra mi vientre.
    —Abrázate a mí —le dije suavemente—. Y tócate. Mastúrbate abrazado a mí.
    Sus ojos se abrieron un poco más. Asintió. Me rodeó con los brazos con fuerza y metió una mano entre los dos. Oí el roce de la tela de su pijama, el sonido húmedo de su mano moviéndose arriba y abajo sobre su polla. Se estaba tocando contra mí. Cada embestida de su mano hacía que su cuerpo se pegara más al mío. Sentía el calor de su glande rozándome a través de la ropa.
    Yo tenía las manos en su espalda, acariciándolo, dejándolo hacer. Me gustaba. Me excitaba demasiado. Notaba cómo se me endurecían los pezones contra su pecho. Cómo me temblaban las piernas.
    De pronto, cuando sus movimientos se volvieron más rápidos y desesperados, levanté la voz un poco, casi en un susurro ...
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