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mama 3
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: lliwo, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... urgente: —No me manches el camisón… que es nuevo. Y sin esperar respuesta, me lo subí por encima de la cintura. La tela negra quedó arremangada bajo mis pechos. Ahora su polla, ya fuera del pijama, rozaba directamente mi piel desnuda del vientre y de la parte baja. Caliente. Dura. Resbaladiza de lo excitado que estaba. Él gimió contra mi cuello. Se frotaba más fuerte. Yo apreté un poco más el cuerpo contra el suyo, ofreciéndole más piel, más contacto. Sentía cada latido de su polla contra mi barriga. Cada vez que subía la mano y bajaba, el glande me rozaba justo encima del vello. Pensé: Todavía no hemos cruzado la línea. Todavía es solo un juego. Solo me está tocando a sí mismo mientras me abraza… Pero por dentro sabía que cada día ponía un poco más de mí. Y que cada día me costaba más fingir que yo quería exactamente lo mismo que él. ________________________________________ Sentí cómo se tensaba de golpe entre mis brazos. Su mano iba más rápido, más desesperada, frotándose la polla contra mi vientre desnudo. Yo lo apretaba más contra mí, ofreciéndole toda la piel que podía. —Correte… —le susurré al oído, casi sin voz—. Échamelo encima… Y lo hizo. Un gemido grave le salió del pecho mientras se corría a chorros calientes. Noté el primer chorro pegarme en el bajo vientre, espeso y quemante. El segundo me subió por el ombligo. El tercero y el cuarto me resbalaron por los muslos, resbaladizos, bajando lentos entre mis piernas. Me manchó las bragas por fuera. Me ...
... manchó la piel. Me manchó todo. Y yo… yo estaba temblando de excitación. Eso era lo que más me ponía. Sentir cómo mi hijo se corría encima de mí, cómo me marcaba con su leche. Me mordí el labio para no gemir demasiado alto. Mis bragas estaban empapadas, no solo de él, también de mí. Él seguía abrazado, respirando agitado contra mi cuello, la polla todavía palpitando y soltando los últimos hilillos sobre mi piel. Yo le acariciaba la espalda, dejándolo recuperar el aire… pero él era joven. Muy joven. A los dos minutos ya estaba otra vez duro, caliente, empujando contra mí. —Mamá… —murmuró, y su mano bajó sin permiso—. Déjame tocarte… Intenté hablar con voz normal, aunque me temblaba: —Cariño… vamos a desayunar… Él no hizo caso. Me agarró de la muñeca y tiró de mí hacia el pasillo. —Déjame que te lo haga entre las piernas —dijo con esa voz ronca que me volvía loca—. Ven. No dije que no. No dije nada. Solo lo seguí, con el camisón todavía subido y su semen resbalándome por los muslos. Entramos en su habitación. Tiró de mí hasta la cama. Me empujó suavemente hacia atrás y se puso encima. Esta vez no hubo juego. Esta vez no hubo “lucha”. Me bajó las bragas de un tirón y las lanzó al suelo. Se abrió paso entre mis piernas con las rodillas y apoyó la polla, todavía resbaladiza de su propio corrimiento, justo en mi ranura. —Mamá… —susurró mirándome a los ojos mientras empujaba. Y entró. De un solo golpe, hasta el fondo. Yo arqueé la espalda y solté un gemido que no pude ...