1. mama 3


    Fecha: 20/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: lliwo, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... contener. Estaba tan mojada que entró fácil, pero aun así me llenó por completo. Era gruesa, caliente, y latía dentro de mí como si tuviera vida propia. Empezó a follarme con embestidas profundas, jóvenes, urgentes. Cada vez que empujaba yo gemía más alto.
    —Joder, hijo… —jadeé—. Qué rico… cómo me follas…
    Me agarró de las caderas y me embistió más fuerte. El sonido de nuestra piel chocando llenaba la habitación. Yo lo miraba desde abajo, con la boca abierta, y solo pensaba en comérmelo entero. En no dejar ni un centímetro de su cuerpo sin probar.
    —Quieta… —le dije de pronto, y lo empujé para que se girara.
    Me puse encima, pero no para montarlo. Me deslicé hacia abajo, le agarré la polla brillante de mis propios jugos y me la metí entera en la boca. Sabía a mí y a él. Chupé con ganas, con hambre, sacándole babas, mirándolo a los ojos mientras le hacía una mamada profunda. Él gemía mi nombre. “Mamá… mamá…” y eso me ponía todavía más.
    Cuando noté que estaba otra vez a punto de correrme, me quité la polla de la boca y me giré a cuatro patas en su cama.
    —Por el culo —le dije sin mirarlo, la voz rota de excitación—. Métela por el culo. Quiero sentirte ahí.
    Él no dudó. Escupió en su mano, se untó la polla y apoyó la cabeza contra mi agujero. Empujó despacio al principio. Me ardió. Me dolió un poco. Pero yo empujé hacia atrás, queriendo más. Cuando entró del todo solté un gemido largo, animal.
    —Así… joder, así… fóllame el culo, hijo…
    Y lo hizo.
    Me folló el culo con la misma ...
    ... urgencia con la que antes me había follado el coño. Me agarraba de las caderas, me abría las nalgas con los pulgares y me embestía hondo. Yo gemía como una puta, sin vergüenza, pidiéndole más, pidiéndole que me llenara.
    La línea roja ya no existía.
    Se había difuminado por completo entre el semen de mis muslos, entre los gemidos, entre el ruido obsceno de su polla entrando y saliendo de mi culo.
    Cuando se corrió otra vez, lo hizo dentro. Lo sentí latir y disparar caliente en lo más profundo. Yo me vine en el mismo instante, apretándolo con el culo, temblando, gimiendo su nombre.
    Después nos quedamos ahí, pegados, sudados, sucios.
    Su polla todavía dentro de mí, ablandándose despacio.
    Yo con la cara hundida en su almohada, respirando su olor, y pensando solo una cosa:
    Ya no había vuelta atrás.
    Y no me arrepentía de nada.
    Eran casi las dos.
    Estaba en la cocina haciendo la comida con la minifalda más corta que había encontrado en el armario. Ni siquiera era mía, creo que era de cuando era más joven. Me quedaba justísima. Cada vez que me agachaba a coger algo del cajón, sentía cómo se me subía y dejaba las bragas completamente a la vista. Negras, de encaje, las que sabía que a mi hijo le volvían loco.
    Quería ver su cara cuando entrara.
    Quería que me mirara el culo, que se le pusiera dura enseguida, que viniera por detrás y me la metiera ahí mismo, contra la encimera, como la última vez.
    Oí la llave en la puerta. Sonreí para mis adentros. Dejé el cuchillo y me apoyé un ...
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