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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... cediéndoselos por la suma de dinero que calculé, sería el pago justo a mis noches en vela, y con la cual, el futuro educativo de nuestro hijo, estaría más que asegurado hasta que decidiera, ya mayorcito, qué carrera le gustaría estudiar en la universidad. —No tenía mucho más por decir o hacer ante la evidencia presentada por don Octavio, y me fui de aquel restaurante, pensativo e intranquilo, por saber de ti y cómo te lo habrías tomado. Igualmente, con ganas de encontrarme a Eduardo para pedirle explicaciones. —Cuando salí de la oficina de personal, escoltado por el jefe de seguridad, y despidiéndome afectuosamente de una Carmencita, llorosa y afligida, pasé a recoger todas mis cosas, excepto los planos digitalizados, las perspectivas, los esquemas de distribución, la lista de materiales requeridos, el estudio de color que me ayudaste a realizar para ambientar el exterior y los acabados de los contenedores, entregándoselos a una desconcertada Elizabeth, en la que fue mi oficina en el piso once. La pobre no sabía qué estaba pasando y miraba para todas direcciones, donde los ojos de los ingenieros y sus secretarias, igualmente, se mostraban extrañados por mi silenciosa manera de alejarme de allí. —Al llegar al ascensor fui llamado por esa persona que, con su grave voz, reclamaba mi atención. —¿Arquitecto?… ¡Señor!… ¡Por favor, don Camilo, espere! —Y aquel grito, consiguió que pisara el pedal del freno de mis pasos, y le prestara atención. Se plantó en frente de ...
... mí, interponiéndose entre el elevador y yo, sujetándome por un brazo, para inmovilizar mis ganas de bajar a tu piso, y salir los dos de allí, despedidos pero juntos. No muy feliz, pero con la tranquilidad interior de volverte a tener, en exclusiva para mí. —Don Camilo, disculpe que lo detenga de esta forma, pero me gustaría que me escuche antes de… Señor, creo que es mejor que no busque a su esposa ahora. —No comprendía por qué me animaba a que no oprimiera el botón del ascensor, todavía. —Igual, ella ya dejó las instalaciones, sola y por sus propios medios. —Mejor dicho, don Camilo, lo que sucede es que… Yo sé una cosa que usted desconoce y es… Es que… Es mejor que usted sepa algo antes de ir a buscarla. Permítame lo acompaño hasta el sótano, y allá le cuento. —Pero… ¿¡Qué sucede Milton!? Déjeme seguir que tengo afán. Necesito ir a buscar a mi mujer, debe estar destrozada con todo esto. —Y en esas se abrieron las puertas del elevador y entre los dos se mantuvieron las miradas. La mía con evidentes signos de interrogación. La de él, con la frialdad de siempre. —Ok, Milton, ya estamos acá, dígame que está sucediendo, pero rápido porque me tiene intrigado y para antier es tarde. Además, debo buscar a alguien más. —Ya tendrá tiempo para eso, créame. Pero antes, arquitecto, pienso que debe darle una ojeada a este informe. —Me respondió y después de revisar con la mirada para todos lados, recargándose contra una de las anchas columnas de cemento, de debajo de su ...