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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... olvidado! ¡Yo soy la mentira, que se dibuja en la sonrisa de los que se ufanan de no hacerlo!». —¿Qué? No te comprendo. Le pregunto, pues, en verdad no sé qué quiere decir. —¿Ahh? Nada, nada. Solo un pensamiento de Rodrigo, sobre la sinceridad de las personas. Aquellas que dicen querernos tanto y las que, sin hablarlo, lo demuestran más. —¿Entonces, te vas? ¿Ya no represento nada para ti? —Sí, Mariana, me voy. Pero quiero que comprendas que sentí mucha rabia y dolor, y por eso me alejé. Los mantuve estancados, escondidos tan calmos en el lodo de mi vida sin ti en esta isla. Sé que esperas con resignación, mi veredicto. Un perdón es lo que más quisieras de mí. Yo solo puedo otorgarte más de mil. Por qué eres la mujer que más he amado, y has tenido la valentía y los suficientes ovarios, para venir a darme la cara. Ese perdón que esperas de mí, y el que varios amigos me han pedido que te conceda, te lo entrego desde aquí, –me señalo la sien derecha– hasta aquí en lo profundo de este corazón, que no ha dejado de palpitar por ti, ni un solo momento desde que te vi por primera vez, desde que me diste aquel, ¡Si, quiero!, tan sonriente, y por supuesto, desde que me entregaste con sufrimiento y amor, esa vida que tanto amo, y por el cual te sentía respirar, junto a mí, velando por su sueño y por los míos. —Y el olvido que yo requiero, o el poder volver atrás el tiempo, que estoy casi seguro no lograr ...
... conseguir, no lo hallaré si continuo a tu lado. Eso tomará bastante tiempo, y tal vez nunca lo consiga. No sé cómo seguiré sin ti en mi vida, si mi vida te la entregué el día que me rendí ante tus ojos, estos mismos que llorosos me miran ahora y qué años atrás, en la habitación de un motel, me la pintaron de su precioso azul. Te amo, con toda mi alma, pero debemos continuar separados. Adiós. —¡Espera! —Me detiene su grito y al girarme, la veo esculcando dentro de su bolso monogram. —Este sobre me lo hizo llegar a la casa, don Gonzalo. Es para ti. No tengo ni idea de lo que dice, porque todo está escrito en japonés, menos tu nombre y la dirección. —Y en sus manos se lo entrego. Lo toma y lo repasa con su mirada. Se sonríe y me dice… —Jajaja, Mariana, es mandarín. Gracias. Luego miro con calma de que se trata. No puedo reprimir este sentimiento y la abrazo. Le tomo la barbilla con mis dos dedos y deposito en sus labios un casto beso, el mismo que alimentará por un tiempo mi soledad, las brumas de un futuro incierto, la ausencia permanente de su voz y de la mirada de ese par de cielos que me enamoraron y aun hoy, continúan enloqueciéndome. —Ahora si me marcho, Mariana. Te amaré por siempre. Hasta el infinito… —¡Y más allá!, cuando nuestras almas vuelvan a encontrarse! —Concluyo su frase favorita, y cierro mis ojos, pues por nada del mundo deseo que lo último que recuerde, sea a Camilo alejándose para siempre.