-
Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... que nos conocimos, cuando éramos simplemente amigos. Necesitaba descargar en ti, todas mis verdades. ¡Me has liberado! —Seguiré con mi tratamiento, para limpiar mi alma y salir de esa ansiedad que me estaba consumiendo a solas, cuando me di cuenta de que, estando tan perdida, se me escapaba de mis manos la felicidad que llegué a tener contigo. Me he dado cuenta de las estupideces que hice, por ayudar a otras personas, sin avisarte, sin tenerte en cuenta. Trabajaré duro para educar bien a nuestro hijo, pero cielo, te necesito. Te juro que te necesito para que me ayudes con eso. Me urge que tus valores morales y éticos, se los enseñes y se los transmitas, mientras restauro con el tiempo, los míos. ¡Te amo! Te amo mucho, Camilo Andrés García Romero. Te adoro, vida mía. Estoy muy segura de ello, así como… No dejaré de amarte por siempre. —Mariana, sabes bien que yo te he amado desde el mismo momento en que te vi, de rodillas, abofeteada por el cobarde de tu exnovio. Pero ahora, a pesar de que te sigo amando, no puedo, esta vez, cumplir con tus deseos. Hacerte el amor, adorarte como lo hacía, ya es imposible después de que confirmaras con tu propia voz, todo lo que en ese maldito informe constaba y yo… Yo me negaba a creer. —Tendremos que contentarnos con recordar la última vez que estuvimos juntos, esa noche que hicimos el amor. —¿Te refieres a esa noche después de mi regreso de La Heroica? ¿Esa noche que después de un largo rato, al salir del baño, me entregaste ...
... una infusión de manzanilla, esperando que, al beberla, se calmara mi malestar? ¿Esa última vez, cuando lentamente abriste los costados de mi bata, y al verlos todavía cubiertos por las ajustadas copas del sostén, soltaste un suspiro de satisfacción y apresurado con tus dedos, me levantaste el brassier tomándolo por los aros, dejándolo arremangado bajo mi cuello? —Siento las palpitaciones de su corazón a través de su mano. Tiembla igualmente, pero no la retira de mi pecho. —Desnudos, los miraste extasiado, no como lo haces ahora, pero aquella vez y sin previo aviso, encaramaste con desespero tus labios por las cumbres de mis senos, absorbiendo mis pezones, como si te estuvieses alimentando. Los globos de mis senos operados, bajo tus caricias, me ardían, y te suplicaba que me las humedecieras con tu saliva, o que me las succionaras con más ganas. Quería que me las mordieras, lento y duro, y me sorprendieras de nuevo, al volver a golpeármelas con tus palmas. Necesitaba sufrir, sentir dolor, para limpiar con mi padecimiento, aquella última falta. Así, con tus dientes aprisionando mis pezones, comencé a excitarme y lograste que, sin tocarla, mi cuquita se humedeciera y chorreara flujos por mis piernas, abiertas para ti, exponiéndome a voluntad para recibir la visita de tu boca o de tus dedos, y me penetraras con ellos o con tu lengua, preparándome para qué finalmente tu deseada verga, me horad… —¡Esa noche no! –La interrumpo. – Aquella vez solo tuve ganas de ti. Simple y ...