1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)


    Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... llanamente fue sexo. Ese que últimamente tanto deseabas sentir. Me refiero a la del día anterior a tu intempestivo viaje. Esa sí fue la última vez que te hice el amor y sentí que tú te entregabas a mí, con tu acostumbrada ternura. Con esa es qué nos debemos quedar en la memoria.
    
    —Ya es tarde, son más de la diez. Voy a vestirme, y tú debes descansar un poco. Tu vuelo es por la tarde, supongo. —Con cuidado retiro mi mano de su pecho, pues debo dirigirme hasta el balcón para recoger del espaldar de una de las sillas, mi bóxer que ya deben estar secos.
    
    Mientras me dirijo hacia allí voy recordando unas frases, un pensamiento que leí, aunque ahora no recuerdo exactamente, ni el libro ni el momento.
    
    "El amor no se exige, no se suplica y mucho menos se mendiga, el amor se regala en miradas, en caricias, en tiempo inventado, en paciencia que se aprende, en consuelo compartido, en risas que secan lágrimas y en abrazos que te reconstruyen y en besos que te dan vida". ¡Perdóname, mi amor!
    
    Le escucho hablar, a pesar de hacerlo a un volumen tan bajo, como si se lo estuviese diciendo a él mismo. Susurrándole a su corazón.
    
    —¿Camilo? Cielo… ¿Me pides perdón tú a mí? No, mi vida, soy yo la que tropecé con la misma piedra más de una vez, y por ello caí en sus manos.
    
    —Pues sí, Mariana. También debo pedirte perdón, pues al escucharte y verte sufrir, me he sentido fatal. Fui un estúpido al no darme cuenta de nada por lo que estabas pasando, pero es que…, yo te veía normal como ...
    ... siempre, a pesar del exceso de cariños y mimos hacia Mateo. O en las noches más comprensiva, si me veías cansado, y más «arrecha» de lo normal, cuando con solo mirarte, entendía que me tenías muchas ganas.
    
    —Sin embargo, cuando creías estar a solas y sin que te dieras cuenta, yo te observaba a veces y me extrañaba sentirte tan lejana y pensativa. Asumí que era, por cuestiones laborales, una normal preocupación por tus negocios. Jamás se me pasó por la mente el que estuvieras afrontando sola, esa situación. Lo siento y en verdad lo lamento mucho. Perdóname. ¡Debí estar más atento!
    
    —No tienes por qué culparte, cielo. Yo no tengo nada para perdonarte. Fui yo exclusivamente la culpable. Desde un inicio debí confiar en ti. Ahora… Por supuesto que, al venir acá, pretendí que regresáramos juntos. Así imaginara temerosa, que podríamos volver, sin que nuestros pasos marcharan lado a lado, aceptando que, por mi culpa, ya te habría perdido como hombre, como esposo, pero jamás como el padre amoroso que eres y que tanto necesita Mateo. Sí, mi vida, por supuesto que pretendo, –en medio de este inmenso dolor–, que nos demos la oportunidad de reconstruir lo nuestro, conquistarnos de nuevo, dejando todo atrás y echando raíces en otro sitio, para amarnos. ¡Para amarte y respetarte por siempre!
    
    Camilo termina de subirse las bermudas, y al escucharme, voltea su cabeza para mirarme, con asombro. Y aunque su gesto observo que quiere decirme algo, me anticipo a su cuestionamiento.
    
    —Lo sé, ...