1. La Isla Evanescente 26


    Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... techo y gritó enfurecida. Lórax la vio desde el suelo, parecía un demonio, con su figura oscura recortada por el fuego, ya fuera de control. En ese momento la mujer exclamó de nuevo, intentó lo que parecía un nuevo hechizo, pero estaba agotada por los hechizos y aquel humo y calor infernales y se desmayó antes de terminar de recitar.
    
    Los soldados no se lo pensaron. Con sangre fría, cogieron a la reina hechicera y al joven y los sacaron a la carrera del edificio y solo pararon cuando estuvieron en el medio del patio. Con la reina casi desmayada, se pararon y entre toses y gemidos vieron como la biblioteca, tras ser pasto de las llamas durante unos pocos minutos, finalmente se derrumbaba en medio de una nueve de cascotes y pavesas.
    
    Lórax, maniatado, lloraba ante tanta destrucción, tanto saber perdido para siempre. Luego miró de nuevo a la mujer. Desmayada, parecía dormir en paz, algo en sus ojos y su figura le resultaban familiares. Si hubiese tenido las manos libre hubiese intentado acariciarla.
    
    —¿Y ahora qué? —dijo uno de los soldados.
    
    —A las galeras. Creo que solo es agotamiento, pero un médico debe ver a la reina. ¡Vamos gandules! ¡Rápido! ¿O queréis quedaros aquí a ver como esta puta isla se hunde y vuelve a desaparecer en el mar?
    
    Kelmahir
    
    ¿Y el chico? Fue en lo primero que pensó cuando reaparecieron en la cubierta de La Gorgona. No sabía como aquel joven lo había hecho, pero había conseguido enviarlos a todos al barco de nuevo. Fue tan rápido que se ...
    ... vio en cubierta aun en guardia, con el bastón preparado para rechazar un nuevo golpe. Inmediatamente miró alrededor. Estaba todo el mundo, incluso el gigante, exánime y el viejo profesor con una fea herida por la que salía un pequeño pero persistente hilo de sangre. Solo faltaba el chico.
    
    —Maldito chico. —dijo Sokolob con voz rasposa— Se olvidó de desplazar también su cuerpo. Tenemos que volver por él.
    
    —Ni lo sueñes viejo. ¿No los has visto? Hemos salido de milagro. —le interrumpió Baracca— ¡Barnak! ¡En marcha! ¡Largando velas! ¡A todo trapo! Con un poco de suerte podremos llegar a Holmur de una pieza.
    
    —¡No podemos dejar al chico! ¡Lo matará! O algo peor. —intentó convencerla Sokolob con voz rasposa.
    
    —No podemos hacer nada por él. ¡Qué coños! Ni siquiera sé si podremos hacer algo por ti. —respondió la capitana, mientras observaba como el druida se acercaba al cuerpo del viejo profesor con cara exceptiva.
    
    Kelmahir se agachó sobre el cuerpo yacente, apenas le quedaba un hilo de vida, pero de todas maneras lo intentó. Sin soltar el bastón, agarró la mano del mago y rezó a los dioses. La piedra del arma brillo mortecina y la herida dejó de sangrar. Aun así había perdido mucha sangre, su piel estaba pálida y tenía el aspecto y la consistencia de la cera. Ordenó que bajaran el cuerpo desmayado al camarote de la capitana y lo taparan con varias mantas. No podía hacer más por él.
    
    Tampoco podía hacer nada por el chico. Baracca tenía razón. Ahora estaba en manos de la ...
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