1. La Isla Evanescente 26


    Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... quería tener cerca a cualquier persona que le pudiese resultar valiosa.
    
    Todos aquellos pensamientos se fueron esfumando poco a poco hasta que finalmente su mente se quedó en blanco. Una gota de sudor, recorriendo su frente, era el único signo de que continuaba vivo, él, sin embargo no la percibió. En cuanto pudo desligar su mente de su envoltura mortal, la hizo volar lejos, esperando que los dioses revelasen sus intenciones, pero desde que habían escapado en La Gorgona, aunque habían seguido atendiendo sus oraciones y súplicas, cada vez con más facilidad gracias al bastón, no le decían cual era el siguiente paso. Y parecía que hoy tampoco sería el día.
    
    Como siempre que accedía a aquel plano, intentaba saber que había sido de su joven pupilo. No le costaba encontrar a la hechicera, solo tenía que escuchar y seguir los lamentos, y los gritos de dolor. Aquella mujer estaba aplastando al otrora poderoso reino de Irlam. El rey Senabab se había retirado a su capital dónde se desarrollaba la batalla final. Podía ver el puerto y el ejército de Zananda asediándolo, pero la poderosa magia de la hechicera le impedía ver ningún detalle más y menos ver si la hechicera o Lórax estaban presentes en Krestan
    
    Abrió los ojos con un gesto de desanimo. Algunos ciudadanos de la capital habían descubierto el jardín y paseaban disfrutando de la fragante vegetación y un espectacular cielo estrellado. Lo hacían respetuosamente, en silencio, saludando a aquel extraño druida que parecía ...
    ... totalmente aislado del mundo.
    
    —Perdón, hermano. El rey Hennerik requiere su presencia de inmediato...
    
    Zananda
    
    Una nueva andanada de los trabuquetes desapareció dentro de las murallas de Krestán. Las columnas de humo se elevaban desde diversos puntos de la ciudad. El rey Senabab estaba acabado.
    
    —Ya pueden sus sacerdotes rezar a ese Dios único y todopoderoso hasta hartarse. —dijo Tair que observa las operaciones a su lado.
    
    —Ese dios fue un buen invento para cohesionar un imperio extenso y muy diverso, pero cuando estás en apuros no puedes pedir ayuda a un Dios que no existe y el resto te darán la espalda. —comentó la reina.
    
    —¿Ordeno asaltar las murallas? —preguntó el general.
    
    —No, no hay prisa. Dejemos que la ciudad caiga como una fruta madura, no quiero perdidas en nuestro bando.
    
    —Pero su flota...
    
    —Sí, tiene una gran flota, pero Senabab no tiene a dónde ir con ella. Ese gilipollas a puteado a tanta gente, que ahora nadie moverá un dedo para ayudarle. Ni siquiera aunque les interese frenarnos. Lo temen tanto como a mí. No harán nada que lo fortalezca.
    
    —Y cuando caiga. ¿Qué será lo próximo? —preguntó Tair.
    
    —Descansar, El invierno no tardará en llegar a Skimmerland y no podemos hacer nada contra los elementos. Además, hemos conquistado un gran territorio, toca organizarlo, recaudar impuestos, reclutar nuevos ejércitos. Cuando estemos preparados atacaremos a los eskimmerios.
    
    —Son fuertes... —aventuró el general.
    
    —Pero han perdido su mejor baza... y ...
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