1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    Tu confiesas, yo confieso. ¿Todos confesamos?
    
    —¡Tú qué dices, Nachito!... ¿Debo ser la mujer que, habiendo aprendido bastantes cositas del marido, me toca enseñarle ahora, –y sobre cada brazo suyo, coloqué mis antepiernas y ajusté las rodillas, apretando su cabeza para inmovilizarlo– a este hombre tan aventurero y recorrido, como hacerme alcanzar un orgasmo clitoriano? —Lo cuestioné.
    
    —¡Jajaja! —Inesperadamente Camilo se da la vuelta y emite una ronca carcajada en cuya irónica resonancia, vislumbro bastante incredulidad. Entre tanto, limpia el llanto de sus ojos. Primero del lado izquierdo con el dorso de su mano derecha hecha un puño, luego, utilizando lo ancho y largo de los tres dedos de la misma en el otro lado, para retirase la humedad de su costado diestro.
    
    —Lo sé… Es verdad, cielo. Puedo entender tu recelo, pues hasta yo misma me acabo de oír, y se ha escuchado raro. —No deja de reírse, pero ahora con su altitud sonora, en franco declive. Abatida y para nada alegre. Murmura, pero soy yo quien habla.
    
    —En serio le hablé así, de esa manera. Fue una declaración muy extraña, ya que, a pesar de querer apartarte de mi mente, añoré en ese instante que te hicieras presente y le mostraras a mi amante, la práctica adquirida a mi lado y tus esmeradas técnicas para hacerme llegar al clímax sin las monótonas rutinas que él me mostraba.
    
    —Miel derramada sobre la hendidura, o chocolate esparcido desde mis senos hasta el ombligo. A veces con el aliento a menta helada ...
    ... de tu boca, introduciéndomela con tus labios al usarlos como émbolos, y gracias a tu lengua ancha o cónica, provocando en mi pecho y en la garganta multitud de suspiros y gemidos, al atraerla y absorberla de nuevo hacia el interior de tu boca, para pasearla sin apuros por los pliegues carnosos de mi vulva, y después si, con la vehemencia justa de tu pene dispuesto y al acecho, provocarme variados orgasmos, unos largos y otros cortos, pero todos ellos percibidos en mi bajo vientre con una sinusoidal constancia. Placer en demasía dentro de mí, y por fuera, sobre los pétalos de mi vulva.
    
    Mariana se desplaza por detrás de mí. Lo hace mirándome de reojo, como quien no quiere ver, pero la intriga le exhorta a hacerlo. Intenta, como no, percatarse de qué me interesó, y que ha captado mi atención. Seguramente preocupada por saber si la melancolía y la baja tonalidad de sus palabras han tocado las intimas fibras de mi ser.
    
    —Abrí yo misma con los dedos, mis labios vaginales y le mostré donde se ubicaba la cima, mi montículo del placer. Le instruí como descubrirlo, consentirlo, mimarlo y saborearlo, –lamiéndolo con el borde de la lengua– e igualmente le expliqué la mejor manera de rodearlo lentamente, con la yema ensalivada por mi boca, de su pulgar, y como presionarlo delicadamente, cercándolo por los lados, friccionándolo entre su dedo medio y el índice, tal cual como me lo hacías tú de manera espontánea, romántica y natural. —Camilo deja de jugar con el cigarrillo y decide ...
«1234...19»