1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... finalmente encenderlo y fumar.
    
    —Apreté su cabeza contra la almohada y dejé que su barbilla casi a noventa grados me presionara, y con ella comencé a estimularme toda la… Se la restregué por toda su cara y hasta me penetré con su nariz, omitiendo el enrojecimiento de su piel cuando se agotaba el aire en sus pulmones, y yo hacía oídos sordos a sus quejas cuando se me antojaba dejarle respirar. ¡La placentera asfixia, a la que tú si estabas acostumbrado, fue un suplicio para él! Sin embargo, hubo un después donde se esmeró por aprender, acostumbrándolo, antes que nada, a arrodillarse ante mí.
    
    Le sostengo la mirada, indiferente por supuesto. Es ella quien la aparta y eleva la cabeza. Vuelve a hacerlo, me ve en diagonal por la esquina aguada de su ojo izquierdo. La baja y se fija en el suelo, en el área vacía que tiene por delante y da otro paso. Mariana da por sentado que la escucho con atención, y es así, aunque me martirice hacerlo. Me ofrece la espalda, confiada en que con su elegante transitar, transformaré en imágenes sus memorias.
    
    —Sumiso fue educándose en hacer la presión justa con su lengua, sobre aquél tejido rosa para que se endureciera, y lubricándolo bien, me brindara los esperados estremecimientos. Con caricias ya más tiernas y la brisa cálida del hálito sobre él, sin tocármelo, permitiera que, al poco tiempo, mi clítoris y el resto del cuerpo se relajaran. ¡Sin saberlo a plenitud, me convertí en maestra para él, tras haber sido yo, tu aventajada ...
    ... alumna!
    
    Con sus palabras susurradas, agudas y muy sentidas, Mariana opta por quedarse quieta y callada, en la otra esquina. Desde allí, observa el despejado cielo, de un azul caribeño y cálido, un tanto disparejo al de sus ojos ahora tristes y enrojecidos. A mí me agrada esta pausa y su distancia, pues me permite respirar con calma, y… ¡Analizar el escenario!
    
    —Para mí que, –interrumpo nuestro silencio– ese pensamiento tuyo era una dicotomía ciertamente ventajosa, pero imposible de volverla realidad. Yo jamás estaría junto a ustedes en un mismo lugar, y sobre todo en ese, en particular. Aceptando… Mirándolos tener… ¡Yo, Mariana, nunca te compartiría!
    
    —Pero estuviste, Camilo. Sin estar físicamente presente. No tuviste la culpa al invitarte a estar sin presenciarlo. ¡Fui yo! —Me dice sin mirarme pues su atención se concentra en la uña rosa de su pulgar que escudriña nerviosa, la cutícula del dedo índice de la otra mano, e inflando de aire sus cachetes aún macilentos, sin solicitárselo me lo aclara.
    
    —Quiero decir que fue mi sentimental falta de costumbre, al intentar apartarte, –pero extrañándote demasiado a la vez– la que te arrimó a mi mente en ese momento. Fui yo, con mi infame y urgente necesidad de imaginar tenerte allí, para hacerte con tu presencia imaginada, cómplice de mi perfidia y no pensar que estaba traicionándote… Con él en realidad… Entregando mi cuerpo por completo una… ¡Mierda, Camilo! Convirtiendo mi soñada venganza esa vez en…
    
    —¡¿Entonces debo suponer, que ...
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