1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... provocarme y distraerme, mientras tú zorreabas en esos malditos viajes!
    
    Mariana cubre un lamento, –que se eterniza en su boca– con una mano. La que mantiene ocupada con el envase de su bebida, tiembla. Y por supuesto, hay tormentas en su par de cielos. Me calmo un poco, para… ¡Debo despejar sus nubarrones!
    
    —En medio de sus insinuaciones y tus descuidos, por estar rumbeando con ése tipo, tus compañeros o la clienta esa tan famosa, casi caigo con ella en la sala de nuestra casa, porqué decidiste hacerme zancadilla, para «envolatar» mis sospechas. Pero cuando regreses a Bogotá, podrás enfrentarla y hacer que confiese que su virginidad no era uno de nuestros juegos de vídeo, y que al menos conmigo, se mantuvo intacta.
    
    —Y lo que sucedió con Iryna, lo hice inocentemente o mejor, casi inconsciente, pues había llegado de visitar Nuquí con los ingenieros y los topógrafos. Seguramente pesqué en el pueblo algún virus de gripe que me envió directo a la cama por tres días. ¿Y quien estuvo ahí para cuidar mis fiebres y escalofríos? ¿Tú? ¡Ja-Ja-Ja! Obvio no. Fue nuestra vecina, quien se dedicó a cuidarme, en cuerpo y alma, mañana y tarde con sus caldos de pollo e infusiones de hojas de eucalipto, mientras tu… Ni siquiera respondías a las llamadas que la misma Iryna te hacía para avisarte, por estar haciendo quien sabe qué clase de cochinadas con tu amante o con… ese importantísimo cliente, en ese último viaje a Cartagena.
    
    Su cara ...
    ... de sorpresa, me lo dice todo.
    
    —Estaba somnoliento por los medicamentos, desilusionado entre mis mareos y preocupado por tu falta de interés en mí, comenzando enero. ¿Llamaste? ¡Ahhh, sí! No a mí, que debería ser lo lógico, sino a Natasha, tu pequeña cómplice. Lo hice con ella, con tu amiga. Eso sí es verdad, pero no en nuestra cama. Fue en el baño, mientras me ayudaba a ducharme con agua fría, preocupada en hacer algo para bajarme la fiebre.
    
    —Se desnudó para entrar conmigo y sostenerme. Y… A este cabezón, la falta de sexo, su desnudez y la mía… Más la imprudente irrigación de la sangre, me lo entiesó y... Pasó lo que pasó. A ella, no sé cuántas veces, pero cada mes y medio, su amado Jorge, le hacia la visita durante ocho días antes de marcharse de nuevo a los pozos petroleros, por lo tanto, creo que, en vez de tener sexo, compartimos diez o quince minutos nuestra soledad y esas ganas rancias.
    
    —¿Y sabes otra cosa más? Pude intentar algo con Elizabeth, o con esa muchacha nueva de contabilidad que me ayudó para la declaración de renta, pero no lo hice. Ni siquiera cuando dejaste de llamarme «amor» para con o sin motivo alguno, burlarte de mí, llamándome bobito a toda hora en frente del hijueputa de Eduardo, o en el parque cuando hacíamos deporte con Iryna y Natasha.
    
    —Sí, mi «amor», no estoy tan limpio como pregonas, pero no fui tan sucio contigo, como tú si contaminaste nuestras vidas, exclusivamente para darte gusto. 
«12...16171819»