1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... con suavidad la madera. – ¡Espera abro la puerta!
    
    Me acomodo en la silla para disfrutar mi cafecito, acompañándolo con un cigarrillo. Me siento más tranquilo y ella también lo está. Mariana cierra la puerta y del carrito toma la cafetera para servirme en una taza de porcelana, mi ansiado «tinto». Su cappuccino ya viene preparado y se acerca hasta la mesa redonda, elegante, sonriente, serena con las dos bebidas en las manos y su bata tentadoramente semi abierta por la mitad.
    
    Yo enciendo mi cigarrillo, Mariana hace lo propio con uno de sus blancos «Parliament», pero no se sienta a mi lado, y prefiere darle el primer sorbo a su caliente bebida, manteniéndose de pie.
    
    —Pues creo que tu fin de semana, lo disfrutaste sin la presencia de Eduardo y aprovecharon esos tres días para divertirse a costillas mías, pues recuerdo bien como en el tono de tu voz cuando hablamos, la alegría se te escuchaba con estridencia. Y sinceramente, Mariana, no creo que fuese exclusivamente por la cantidad de negocios que concretaste. —Se me escapan las palabras, y en ellas, cierto cariz a sarcasmo y ofensa, las enlazan. Por supuesto no pasan desapercibidas para ella.
    
    —A ver, cielo. –Le respondo contrariada, pero mantengo la compostura, maquillada por mi cordial sonrisa. – Fue totalmente cierto que ese fin de semana estuvo demasiado concurrido. Como también es verdad, que aproveché el tiempo y pude, al igual que los demás, cerrar más ventas de lo usual. Eso sí, a mí me fue mejor que a los ...
    ... demás. K-Mena y Carlos no se quedaron muy atrás, lograron tres separaciones cada uno. Pero a José Ignacio le fue mal. Creí que, por estar pendiente de nosotros, al serle adjudicado por Eduardo el deber de estar pendiente como jefe encargado, él no se había preocupado por atender casi a nadie ese fin de semana. Sin embargo, meses después, lo comprendí todo.
    
    —Yo estaba el sábado en las casas tipo «A» enseñándolas, y al regresar a la sala de ventas para firmar el contrato de separación, noté cierta pesadez en el ambiente. Más tarde al despedir a la familia que acababa de realizar la adquisición, en la cocina preparándome una limonada para calmar mi sed, una de las chicas de la recepción me puso al tanto de la situación. Don Octavio, su esposa y uno de los hijos, habían llegado al complejo sorpresivamente. Según lo que pudo escuchar esa chica, venían acompañados por unos inversionistas ecuatorianos, interesados en desarrollar en su país un proyecto similar al de Peñalisa. ¿No lo sabias?
    
    —No, ni idea. Nunca me enteré de eso. —Me responde expeliendo el humo por la nariz, pero sin darle importancia al asunto.
    
    —Pues el caso es que, a José Ignacio, lo note extrañamente malhumorado. No parecía estar cómodo con la presencia del dueño de la constructora. Sin embargo, no dejo de lado su función de jefe encargado y le colaboró a K-Mena para atender a unos clientes, instruyéndola en algún ejercicio financiero, pero lo a la distancia lo sentí preocupado.
    
    —Y santa Mariana se ofreció ...
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