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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... cabeza, lo utilicé para mi beneficio, sí. Pero mi vida, créeme esto. ¡Jamás lo hice para llenar tus vacíos! —Horas más tarde me levanté de la cama, con ustedes dos abrazados y durmiendo relajados. Preparé el desayuno y mientras se bañaban, revisé por última vez el equipaje de Mateo por si faltaba algo. Y el tuyo por igual, pues no me fiaba de tu memoria y la manera de doblar tus camisas. Te llamé mientras conducía hasta la oficina para dejar allí en el subterráneo, bien aparcado mi auto. Hablamos poco de mi salida nocturna, lo sé, todo por el afán de llegar a tiempo, pero en la conversación te dije antes que nada lo principal. ¡Cuánto te amaba y que eras la razón de mi existencia! Y repasamos los itinerarios, nuestras horas de salida de la ciudad, muy similares, pero por cordilleras distintas. Tus preguntas, las de siempre. Y mi promesa de brindarte respuestas, las dejaría para después. —En carretera, yo de pasajera en la minivan, aproveché para escribirte y enumerarte algunos detalles. Unos ciertos y los demás… Tuve que inventarlos. No fue hasta tres horas después que, al llegar a la recepción del hotel para registrarme, tuve cinco minutos para llamarte, comentarte que habíamos llegado bien, omitiendo que justo al frente mío, en el lugar donde siempre se ubicaba Eduardo, quien viajaba allí era José Ignacio. Y a ustedes… —A nosotros nos detuvo el mareo de Mateo varias veces, y el hambre de Natasha, otras dos. Iryna me ayudó bastante con el niño, pasándose al asiento ...
... posterior de la camioneta. Y las piernas largas de su hija, moviéndose despreocupadas a mi derecha, sacando la cabeza y medio cuerpo por el techo panorámico bien abierto por ella misma, intentaron desviar mi atención de la carretera. —«¡Para sentir el viento y que el aire alivie a Mateo!» —Me respondió, pero a la vez, permitía que se elevara la tela estampada de su corto vestido, dejándome ver un poco más arriba, al bailar descalza sobre el asiento, la música de su playlist. —Y de vez en vez, unos granitos rosas salpicando sus glúteos blancos divididos por un hilo de tela negra. Pero, aun así, a pesar de aquellas imprudencias adolescentes, con uno que otro reclamo de nuestra pelirroja vecina, llegamos justo a tiempo a Villavicencio para recoger en el centro de la ciudad a Jorge, y de allí dirigirnos al centro vacacional donde nos hospedaríamos. —Lo bueno fue que la pasaste bien. —Camilo parece molestarse por mi comentario, totalmente inocente. Abre desmesurados los dedos de ambas manos, extendiendo sus manos frente a su torso, y niega con el movimiento de su cabeza, dispuesto a responderme sobre algo que malpensó. —Sí, el paseo estuvo genial. A Mateo le fascinaron los caballos y el ganado cebú, también por supuesto, el despertarse con el canto de los pájaros. A mí me encantó la carne de Chigüiro asado, pero más, la Ternera a la Llanera. —Respondo a su pregunta malintencionada con mi mejor sonrisa picaresca. —Quise decir, con Mateo y ellas dos. –Nudillos golpean ...