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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... quieres? Pues de donde crees que vengo querido. De allá, donde me dejaste sola. Abandonando a tu hijo y a mí de paso. Dejándome a cargo de resolverlo todo. Tener que explicarle, –con justificaciones inventadas– a tu familia esa ausencia tuya tan intempestiva. Y a la mía, responderles con evasivas a sus insistentes preguntas, al verme demacrada, trasnochada y pensativa, cuando me las hacían, y no ver en sus rostros que no quedaban satisfechos con mis respuestas. —¿Y a tu hijo? Tener que, a su corta edad, intentar explicarle que su adorado papito regresaría tarde o temprano a casa por cuestiones de trabajo, y con el pasar de los meses, intentar por todos los medios de ser fuerte, ante su apatía y renuencia en ir al colegio, supliendo como a bien podía, las noches de cuentos y tus juegos con Mateo, antes de acostarlo y no demostrarle a él ni a nadie, la inmensa falta que me hacías. —Pues debiste decirles la verdad. Asumir frente a ellos tu culpa. Contarles que fuiste tú la que me montó una tremenda película para acostarte con otros hombres y por supuesto con el playboy de playa ese, a la menor oportunidad. —¡Y qué Camilo!, también podrías haberles dicho que tú te tiraste a una sardina de diez y ocho años, desvirgándola, y luego a su madre mientras tu mujer no estaba en casa, porque estaba de viaje. Es verdad que estaba untada de mierda hasta el cogote, pero tú Camilo, no es que tuvieras esa verga tan pulcra. —Pues eso es exactamente lo que tu querías. ¿O no ...
... Mariana? Porque fuiste tú la que metió en nuestra casa a esa culicagada, aceptándole quedarse por las noches en nuestra casa con la excusa de que Iryna no la entendía, o que ibas a hacer con Mateo y ella una pijamada, dejando que ella usara los insinuantes Baby Doll tuyos, dejándose ver sin reparos por mí, en el estudio. O en tu papel de la mejor amiga y confidente, consintiéndola más a ella que a tu marido, y a la que le dedicabas horas y horas de conversación, por encima de la necesidad mía, de volver a nuestra intimidad. —Ya su cara enrojecida va cambiando de color, a un pasmado pálido, que no voy a diluir. —No se me olvida como aquella vez, que algo tarde en la noche le abriste la puerta, porque a Natasha, su madre la había castigado por haberla pillado mostrando las tetas a los compañeros por el móvil. ¿Y qué hiciste tú? Llevarla a nuestra alcoba, donde yo ya estaba esperándote bajo las sabanas y te pusiste a revisarle los muslos, pues Iryna le había dado una «pela» con un cinturón de cuero. ¿Y qué me hiciste hacer? Untarle cremas, y aceite de rosa mosqueta sobre las marcas rojas de las piernas y del culo, al levantarle tu misma la falda de su uniforme de colegiala, y correrle la tela de sus bragas blancas, dejándonos a solas. —Me la metías por los ojos todo el tiempo. «Mira que niña tan bonita, ¡Cómo están creciéndole las tetas!» O, «¡Que culo tan redondo y firme se le forma con ese pantalón!» «¡Pero mira que piernas tan largas y firmes!». Y todo así. ¿Para qué? ¡Para ...