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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... cárcel de su abrazo, llorando aún más. —¡Ni yo! —Le respondo, retirando mi mano de su seno, y en nuestro compartido silencio, avanza ella hacia el citofono, dejándome de nuevo atrás. Mientras le escucho hablarle al encargado, pienso, –sonriendo con amargura– qué este momento es similar al de una pelea de boxeo, pero en esta ocasión, los dos contrincantes estamos noqueados, y el destino como benévolo juez, es quien realiza para ambos, el conteo de protección. Tras colgar la llamada, se gira y me sonríe con timidez, al verme ubicado exactamente en el mismo sitio donde se separó de mí. Decido vencer mi retraimiento, recordándole como… ¡Lo que me hizo sentir! —Fue la ausencia de amor en el brillo azul de tus ojos, –le habló ahora– la que me alertó de que algo acontecía dentro de ti, involucrándome en tu desconocido vivir, cuando te pedí que no te fueras, que lo dejaras todo y viajaras con nosotros, y tu renuencia la confirmaste al negar con la cabeza. Fue evidente que ya no estabas para Mateo y para mí. Pero para guardar ante ellas las apariencias, tuve que ocultar tras una sonrisa, la evidencia de mi temor y despedirnos como si todo estuviera igual de bien que siempre. —Lo cierto fue que, sintiendo que te perdía con cada éxito que alcanzabas, la oposición que me dictaba la razón, la sometí al escrutinio de mi corazón, y su dictamen fue que mi infinitivo amarte, no rimaba para nada con el sustantivo recelo que me consumía, pues a la brava me hacías aprender a ...
... desconocerte. Detenerte ya no era posible, probablemente me echarías la culpa de negarte la libertad de trascender. En calma, sin moverse de la esquina en el balcón, Camilo me recuerda aquella despedida. Triste para los tres, al no poder acompañarlos, y evadirme de mi obligación laboral. Tener que separarnos ese fin de semana, por mi deseo de cumplir con el trabajo. Pero en el fondo de mi ser, esperanzada en que una sardina rubia, le alegrara el viaje, y cumpliera con la fantasía que él tenía de desvirgar a una mujer. ¡Aunque esa virgen no fuera yo! —La realidad de esa noche, mi vida, no tuvo trascendencia en el resto de mis días junto a ti y nuestro hijo. La responsabilidad, sí. Debía cumplir con mis deberes. —Le respondo, sentada de medio lado, con mi muslo derecho descubierto y media teta a la vista. —Y para que estés un poco más tranquilo, mis mentiras hacia ti, nunca las convertí en la verdad que José Ignacio pretendía. Seguí siendo tuya, pues la angustia que sentía al regresar a casa y verme descubierta por ti, me despejaban el panorama. Porque si no te amara, si ya no me importaras, me valdría un huevo que me pillaras. —Pero mi amor, siempre me sentí así de aterrada, al imaginar que algún día podría perderte. Como cuando muy temprano en la madrugada, me recibiste con ese abrazo tan pronto como crucé en puntas de pies la puerta de nuestra habitación, y te hallé despierto mirando la fotografía de nosotros dos, con Mateo en mis brazos, recién nació. Dudé de mí ...