-
Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... consideración o por su amor hacia mí, no me aparta. Eso es bueno para mí, en realidad para los dos, a pesar de que yo no pueda ver en sus ojos el dolor, ni Camilo observar en los míos, mi resignación a su evidente decisión. Con su inconmensurable nobleza a flor de piel, comprende a la perfección mi intención de no abandonarlo, ni apartarme en este instante, ni siquiera cuando esté lejos de él. Por eso lo permite, porque aún nos necesitamos y, aunque me dé miedo a decirlo, por sí el silencio destroza mi pensamiento, todavía nos amamos. Callados ambos, sufriendo los dos, le dejo que recueste su pesar sobre mi hombro derecho y que con sus brazos me transmita su arrepentimiento, al apretarme el pecho con fuerza, sintiendo como me sujeta con sus dedos entrelazados, para no dejarme deprimir. —Me…, me apetece un cappuccino en este momento. ¿Te puedo invitar a un café? —Siseo mi deseo cerca de su oreja derecha y Camilo sacude la cabeza y su melena. —Sí, excelente idea. Me gustaría uno bien cargado, a ver si me despejo un poco. —Le contesto mientras con mis manos desarmo su abrazo y doy la vuelta, al tiempo que lo hace ella y quedamos como antes, pero de revés. —Si prefieres, podríamos vestirnos y bajar a desayunar. —Le menciono mi idea, mientras le doy la espalda para internarme en la habitación. Un escalofrió sorpresivo me recorre toda, pues siento ahora como me retienen sus brazos, y su mano derecha, por descuido mío o por la gracia divina, se interna bajo el arco que ...
... ahueca esta bata y se amolda a la perfección, sobre la redondez de mi seno izquierdo. Ha sido sin culpa, pero mis dedos inocentes, en el decolaje apresurado al despegar el brazo desde mi costado diestro para abrazarla, terminan planeando por debajo de la tela, y aterrizan amplios sobre su seno, raspando en el descenso con la palma de mi mano, el obstáculo de su pezón. La textura es diferente ahora, a como lo fue la primera vez que se lo acaricié con ternura. Mas no así la suavidad, y la tibieza de su piel. Quiero creer que esta vez, sus palabras han sido leales y su arrepentimiento honesto. Eso me ha parecido, al escucharla. —La camisa está muy sucia, y… ¿Sabes que nunca llegaré a amar a otra mujer, como te he amado a ti? —Le susurro ahora yo, mientras le aprieto por el vientre, atrayéndola contra mí, y la mano intrusa no quiere abandonar la tibieza ni el refugio donde aterrizó, ni la dueña de esta teta intenta deshacerse del familiar calor. Permanece ahí, amorosamente mansa, como antes de… ¡Como siempre debió haber sido! —Hummm… Mis pantaloncillos aún están mojados, Mariana. ¿Podrías mejor pedir que nos los suban? —Termino por decir, tras besar como antes, su coronilla azabache. —Lo sé, cielo. Nunca he dudado de ello. Ojalá pudiera hacerte comprender, que, a pesar de todo, yo jamás he dejado de sentir lo mimo por ti. Y aunque decidas no regresar conmigo, jamás dejaré de amarte. Aho… Ahora déjame ir… ¡Para llamar a la recepción! —Y me libero sin agrado, de la ...