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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... alegres y el canto de algún turpial más cercano. Y oigo como Mariana suspira, gimotea y sufre. También llora con desespero, como lo hago yo. —Me calmé y dejé de llorar. Me maquillé nuevamente, como si en vez de llegar fuera a salir de nuevo de nuestra casa, obviamente para que no te dieras cuenta, y por supuesto, para que siguiéramos nuestra amada vida, tan normal y acostumbrada, pero con un elemento adicional que lo cambiaba todo. ¡Mintiéndote! Ya frente a la puerta de la entrada, llaves en mano, volví a detenerme para asegurarme de no traer conmigo olor a colonia de aquel hombre, que me pusiera en evidencia, y con la llave puesta en la cerradura, escuché dentro de mí, la algarabía de aquel silencio desolador, que parecía pronosticar mi destino, sola, sin ti, tan solo algunos meses después, y finalmente perdiéndote. —Regresé una vuelta la llave, pues volvieron a mis ojos las lágrimas. Y entonces el carácter seguro, del que tanto me ufanaba últimamente, al igual que mis piernas, flaqueó. Me dio miedo que la mujer que estaba fuera de la casa a punto de ingresar a nuestro hogar, y que se aprovechaba de su buena suerte, terminara por perder todo lo que me esperaba adentro, y siempre… ¡Siempre confiaba encontrar! La poderosa Melissa de la oficina, era un fraude andante. La Mariana, ¡tú Mariana! La mujer de entrecasa, la madre intachable, en realidad llegaba siendo una puta traidora. —Lo… Lo noté en el parpadeo nervioso. Lo vi en tus ojos. —Qué… ¿Que viste? —El ...
... pecado. Presentí que algo había sucedido contigo. No olías demasiado a trago, no llegaste muy contenta a pesar de tu habitual sonrisa al vernos. Y estabas… Estabas demasiado bien arreglada, para llegar después de rumbear con tus amigos. Ni siquiera tu ropa estaba impregnada al olor del tabaco, después de festejar por ahí. Al recordárselo no consigo detener mi llanto, y me culpo por mi estupidez o mi falta de carácter al no decírselo aquella noche, y tan solo concederle el beneficio de la duda, para no molestarla con mis sospechas y dañar de nuevo nuestro fin de semana con otra discusión, para la cual, no tenía prueba alguna para enrostrarle por su retraso. —Camilo, cielo… No llores más por favor. —Lo apremio, pero él tan solo dobla su mano derecha y expande por completo los dedos, dándome a entender que se encuentra bien y no quiere que lo moleste. Pero es mentira. Se encuentra mal y a mi… A mí me mata verlo así. —Mi vida, yo… No fue mi intención. No quería recordar esa parte de mi vida. La estaba olvidando, gracias las terapias, pero ahora tú has querido que yo me regrese en el tiempo, a una época que nos hizo tanto daño. No merezco que derrames más lagrimas por mí. Tú ya… Ya has sufrido bastante. Y finalmente en este corazón, mi amor por él vence el miedo a su rechazo, y mis manos tantean la superficie algodonada sobre sus hombros. Y, aun así, tan palpable y pesadas como para no sentirlas, Camilo no se mueve. Deseo abrazarme a él. Lo hago con temor, y por ...