1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... presente, tu ilusión a punto de concretarse, y mi primera vez superando en ventas al que nadie de los dos grupos, había podido desbancar del primer lugar. Sonreía, sintiéndome vencedora; también obtenía por fin la atención desmesurada de él, sin ser consciente del alcance de mi traición. La fidelidad que le pedí, con algo más que cariño y ganas, mi amante parecía ya entregarme. En contraste yo, le era desleal al amor que incondicional, me esperaba en casa.
    
    Mariana enmudece después de rememorar, lo bueno que tenía y el primordial futuro que debía asegurar. Pero sigue, tras un sorbo corto a su bebida.
    
    —Me detuvo una luz roja, a pocas calles de aquella por la cual debía girar a la derecha y coloqué la radio mientras esperaba. En la emisora que tú siempre escuchas, colocaron una vieja canción de Sade. «No Ordinary Love». Y ese saborcito dulce de felicidad se me avinagró. Pensé en ti y en mí. En nuestro amor cotidiano, pero tan importante e imprescindible para mí. El brillante verde se hizo acuoso debido a las lágrimas que brotaron amargas de mis ojos, mientras seguía envuelta en la melancolía, arropada por la dulce voz de esa mujer. Avancé despacio, sin importarme los persistentes cambios de luces y los continuos bocinazos de los autos que, apresurados, me solicitaban el paso.
    
    —Llegué a la entrada del conjunto residencial, y allí frente a las rejas negras, me detuve unos segundos, aunque el vigilante se apresuró a abrirlas. Indecisa y temblorosa lloraba, con mi frente ...
    ... descansando sobre el cuero del volante. Al estacionar dejé el motor en marcha, pero no porque no quisiera bajarme y llegar a abrazarte. Solo necesitaba tiempo, aire y unos pañitos faciales para limpiarme. ¡Vergüenza! Ese era el motivo, el imán que mantenía mi culo pegado al cordobán texturizado del asiento. Tomé más pañitos de la guantera con la mano derecha, aunque con el dorso de la otra me limpiaba, pues seguía llorando.
    
    Debo hacer acopio de todas mis fuerzas para no abalanzarme hacia mi marido y abrazarlo. Ganas no me faltan, pero mi razón dictamina que no es prudente invadir ahora, su íntimo espacio, pegado al poste de madera. Compite la sensatez contra las pulsaciones aceleradas de mi corazón, avergonzado y apesadumbrado por causar daños y mil destrozos, en el del hombre que tanto amo.
    
    —Llegaba a mi hogar después de disfrutar las mieles del triunfo, al ser aplaudida frente a mis compañeros, y esa sensación de superioridad gobernaba todas mis neuronas. Merecimiento alcanzado por mi obstinación con algunos negocios finiquitados honradamente, y en otros utilizando todo el poder de mi sexualidad. El poder gustar para generar deseos en los hombres y obtener a mi parecer el éxito que anhelaba, con o sin placer de por medio. Y, sobre todo, el tenerlo a él, a otros tipos y hasta a las nenas, bien rendidos ante los encantos de mi personalidad y a las deseables curvas exhibidas o disfrutadas, de mi cuerpo.
    
    Escucho con claridad mis latidos y a lo lejos, el rumor de voces ...
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