1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)


    Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... que te marches ahora, sin llevarte mi semen rezumando en tu cuquita para que se lo des en el desayuno. ¡Será para otra ocasión! Mañana y hasta el lunes si quieres, podemos disfrutar de más raticos juntos. Al bobo litro de Carlos y a la intensa de Carmen Helena, los perderemos por la noche al dejarlos en el hotel. Y por Eduardo no te preocupes, pues se va a ir temprano para encontrarse con su mujer y una prima de ella, que llegó del Oriente medio y quieren que conozca el eje cafetero. Yo mismo les conseguí una acogedora hacienda para que la pasen bien y a mí, me dejó a cargo de ustedes.
    
    —Yo no lo sabía. Ese hijo de puta no me había comentado nada. Total. Lo importante en ese instante era apurarme y llegar pronto a nuestro hogar.
    
    —Hummm, ¡Que irónica es la vida! Entonces se supone que, mientras yo me encontraría paseando con Mateo, Iryna y Natasha, tú y él, ¿pensaban continuar con el festín en Girardot? Bien, bien. —Camilo queriendo o sin querer, dejar caer de sus labios y casi en vertical, la colilla ya apagada hacia el suelo. Pero esta, liberada rueda, e impulsada por la brisa, cae precipitada al primer nivel.
    
    —Pues cielo, eso lo pensaría él, pues la verdad es que a mí ya se me había escapado la presión, –así como el de una olla exprés– por saber cómo era tener sexo con él, y lo único que saqué en claro, es que no me había hecho ver estrellas y para nada era tan macho ni tan experimentado, mucho menos tan resistente como aparentaba su fisonomía. Y yo… Yo tenía por ...
    ... delante un tramo largo, y poco tiempo para llegar y lanzarme, pecadora entre tus brazos.
    
    Mantengo mis ojos bien cerrados, concentrado en su voz, intentando sin lograrlo, que mis lágrimas no se precipiten más, por el acantilado de mis pómulos. Y me abrazo al poste que sostiene el techo.
    
    —No era muy tarde y… El torrencial aguacero había amainado, aunque al sacar el auto del parqueadero de aquel motel, seguida a prudente distancia por el Honda blanco de José Ignacio, aún lloviznaba. Desvié a dos calles para evadirlo, pero él con persistencia continuaba a dos coches detrás de mí Audi, así que detuve el auto y Chacho aparcó el suyo detrás de mí. Activé el bluetooth de la radio y desde el número telefónico empresarial, le marqué a su teléfono móvil.
    
    — ¡Ni lo sueñes! –Le dije apenas respondió– ¡Deja de seguirme y vete para tu casa! Ya estuvo bien el rato. No vayas a dañarme la noche y hacer que se me salte la piedra contigo. —Se carcajeó como siempre, y cuando iba a decirme algo más, autoritaria le dije que hablaríamos al día siguiente por la mañana, y terminé la llamada al tiempo que volvía a arrancar. Me fijé por el espejo retrovisor en las luces amarillas, que intermitentes desaparecían desplazándose hacia a la izquierda y me tranquilicé cuando por fin lo perdí de vista. Yo pude continuar pensativa, el camino a casa.
    
    —Repasé mi pasado, y pensé que no merecía tener tanta suerte. Tenerte a ti y a nuestro hijo, era lo mejor que me había ocurrido en la vida. Y en aquel ...
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